165 26. DIMENSIÓN INTERPERSONAL DEL PACTO SEXUAL [Nota: este texto fue co-escrito junto a Ester Pérez Opi] I. T res acotaciones breves para tres dicotomías complejas ¿Somos naturales o somos culturales?, ¿Somos iguales o somos diferentes?, ¿Somos íntimos o somos públicos? Son tres preguntas que explícita o implícitamente se producen cuando se aborda este compli cado tema de los hombres, las mujeres y las reglas de juego a las que unos y otras juegan. En torno a ellas, queremos apuntar algunas consi deraciones. A. Natural y Cultural. Estos conceptos teóricamente irreconciliables se han convertido en las últimas décadas en conceptos fetiche. La archipresente pregunta ¿tal o cual cosa es natural o cultural?, ¿innata o aprendida? es muy sin tomática de
un modo de pensamiento dualista en el cual suele presu ponerse que lo uno excluye a lo otro y que hay escasa interacción entre ambos dominios. Ingenuamente suele intrepretarse lo natural como lo consustancial mientras que lo cultural sería lo añadido. Suele, así mismo, darse por sentado que lo innato es permanente (y a menudo referencial, incluso divino), mientras que lo aprendido es modificable (en tanto que humano: arbitrario y caprichoso). Las ciencias que se ocupan de lo pri mero son "duras" mientras que son "blandas" las que se ocupan de lo se gundo. Lo primero, tratamos de descubrirlo, comprenderlo y analizarlo (nos preocupa captar cómo es) mientras que lo segundo tratamos de reconstruirlo, mejorarlo o educarlo (nos preocupa conocer
cómo de bería de ser). Incluso se ha generalizado el uso de la fútil cantinela: "eso es cultural" (tras lo cual suele ocultarse una cierta presunción de banali dad). Como si la Cultura fuese una mano de barniz superficial que puede resolverse con un buen lijado. Como si no fuese el aire que desde el na cimiento respiramos y lo que formatea nuestros tuétanos neuronales. En coherencia con esta dicotomía y sus corolarios se ha cons truido otro binomio específico para el tema que nos ocupa. Este es: sexo y constructo cultural. Según este modelo de nuevo cuño, el sexo es lo natural (lo ani mal, lo biológico) mientras que el constructo cultural es lo cultural (lo psicosocial, lo aprendido). Ahora bien,
se produce una curiosa contradicción. En este caso, lo natural (el sexo) no es, como cabía esperarse, lo referencial que trata de comprenderse y analizarse, sino la excrecencia a extinguir (v.g., se combate el sexismo, que es el "ismo" del sexo). Por otro lado, lo cultural (el constructo cultural) deja de ser barniz coyuntural (arbitrario y cons truido) para convertirse en referencia lingüística y conceptual (v.g., se promueve el culturalismo). Planteada la cuestión en estos términos, tendemos a evitar la comprensión de lo "natural" del sexo, dedicando todas nuestras ener gías en la modificación de lo "cultural" del sexo. Ahora bien, cómo y hacia dónde reconstruir el sexo -los sexos-, si desconocemos aún qué es y, lo que es peor, nos
despreocupa esta ignorancia. B. Igualdad Diferencia. Esta segunda dicotomía da rumbo (dirección, orientación) a cuantos análisis se realizan sobre la realidad de los sexos y sus modos de interacción. Como binomio, está presente no sólo en el universo intelectual feminista (donde es especialmente evidente hasta el punto de que puede 167 hablarse de un feminismo de la diferencia versus un feminismo de la igualdad) sino, en general, en los diferentes acercamientos teóricos o experimentales en torno al sexo (o los sexos). De hecho, podríamos ha blar claramente de " diferencistas " frente a " igualitaristas ". Los " diferencistas " serían quienes subrayando las diferencias se xuales concluyen que hombres y mujeres difieren. Los " igualitaristas " se rían quienes
subrayando las similitudes y comunalidades concluyen que hombres y mujeres son iguales (aunque no idénticos, según matizan). Ahora bien, cada uno de estas corrientes nos dirige a resultados contrarios. Así, mientras que las tesis diferencistas tienden a la promo ción cultural del sexo (el sexo en tanto que diferencia), las tesis igualita ristas promueven la extinción cultural del sexo. Las primeras cultivan -comprenden, educan, facilitanlo masculino y/o lo femenino como he chos diferenciales; esto es, lo sexuado. Las segundas combaten -evitan, protegen, previenenlas diferencias sexuales, sugiriendo modelos ase xuales cuyas referencias son: lo neutro (lo andrógino) o bien lo común (la persona). C. Público Íntimo A menudo nosotros echamos en falta el abordaje y la reflexión sobre esta tercera dicotomía
en el análisis de las relaciones Hombre/Mujer. Sin embargo, consideramos que su explicitación permite una mayor clarificación en el análisis de las mismas. Parece evidente que existen dos universos relacionales con lógi cas absolutamente diferentes: por un lado, el universo de lo público; por otro, el universo de lo íntimo. Al decir universo de lo público que remos referirnos a las prescipciones morales, a las articulaciones jurídi cas, a los paradigmas ideológicos, a las articulaciones políticas y a todos cuantos elementos de lo humano que promueven que el sujeto (el yo / dIMENSIÓN INTERPERSONAL dEL PACTO SEXuAL sexuado en este caso) se comporte con arreglo a otros sujetos (los otros sexuados que son los "no-yo" y "no-tú"). Al decir universo
de lo íntimo queremos referirnos a las fuerzas intrapsíquicas, a las manifestaciones del deseo, al terreno de los anhelos y necesidades profundas y a todos cuantos elementos de lo humano producen que el sujeto sexuado se comporte con arreglo a sí mismo o con arreglo a determinados "tús" privilegiados con los cuales comparte algún grado de intimidad. El universo de lo público es por lo general lógico y coherente, el "yo" es anecdótico y periférico frente a "lo social", suele regularse desde parámetros del "deber ser" y está en alguna medida culturalmente re glado. El universo de lo íntimo es por lo general analógico y contradic torio, el "yo" es nuclear y central en relación a un "tú" que es
a su vez "otro-yo-distinto-de-mí" nuclear y central, suele regirse con arreglo a pa rámetros del "desear ser" y la influencia cultural está mediada por la particular dinámica intra e inter-subjetiva. Lo peculiar de nuestro tiempo, a nuestro entender, es el decre mento y la merma de los límites entre ambos universos, de suerte que se produce invasión de lo público en el territorio de lo íntimo, y de lo íntimo en el territorio de lo público. Ejemplos simples pero gráficos de invasiones de lo público en lo íntimo pueden ser: el orgasmo femenino convertido en derecho en vez de en anhelo o en experiencia íntima; la penetración como manifesta ción evidente del dominio machista en vez de como fusión simbólica;
la erótica privada regulada desde el deber o la norma (salud, ciencia, po lítica o moral) sustituyendo al desear de los amantes. Ejemplos de invasión de lo íntimo en lo público pueden ser: la manifestación agresora del deseo erótico que usa mecanismos de jerar 169 quía social (acoso laboral o académico); la instalación espuria de meca nismos de excitación, seducción o cortejo en dominios públicos (publi cidad, política, etc); la movilidad de estatus social, laboral, académico, etc a través de complicidades o mercadeos eróticos, los "reality shows" o el "outing". II. Las etiquetas Hombre y Mujer. Conviene recordar que Hombre y Mujer son dos etiquetas (dos esquemas cognitivos, también) que a lo largo de la historia hemos ido construyendo. Esto
no quiere decir que sean "sólo" dos etiquetas, sino que son además dos etiquetas. En tanto que sustantivos serían en principio las nominaciones es pecíficas -humanizacionesde las etiquetas "macho" y "hembra" que usa mos para el resto del reino animal. Pero cualquiera acordaría que son "algo más". Su utilidad radica en que sirven para aprehender con una sola palabra la compleja amalgama de hechos -a veces coherentes, contra dictorios otras vecesque les subyacen. Sin embargo, son conceptos que ocultan tanto o más que lo que muestran. Y taxativamente no son: ni lo antagónicos que suele supo nerse, ni lo excluyentes que suele creerse, ni lo complementarios que pueden parecer. Aunque los esquemas cognitivos que respecto al sexo manejamos son dimórficos
-finalmente todo queda reducido a hombre y mujer, a hembra y macholo cierto es que el proceso de sexuación se cristaliza en infinidad de niveles, cada uno de los cuales sí puede ser dimórfico, pero cuyo resultante es mucho menos dicotómico de lo que solemos / dIMENSIÓN INTERPERSONAL dEL PACTO SEXuAL creer. De ahí los conceptos "estados intersexuales", intersexualidad, etc. profusamente usados en sexología. Al hablar de estados intersexuales o intersexualidad no nos esta mos refiriendo a monstruosidades de la naturaleza, sino a la multiplici dad, diversidad y variabilidad de lo sexual. O si se prefiere, a la multiplicidad, diversidad y variabilidad de lo masculino y de lo feme nino. Hasta el punto de que las diferencias sexuales intrasexuales resul
tan en ocasiones tan abismales como las propias diferencias sexuales intersexuales. En último término, nos precipitamos -como ya lo hacían nues tros abuelos paleolíticosen concluir que es mujer el neonato sin pene y hombre el neonato portador de dicho atributo. Hemos mejorado (si ello es mejoría) gracias a la técnica ecográfica, adelantando esta clasifi cación tres o cuatro meses. En decenas de milenios la misma clasificación grosera carente de matices, pero algo antes. III. Hombres, Mujeres: metonimia y dominación. Hombres y mujeres son la ciudadanía del mundo. Del actual y de cualesquiera otros mundos y culturas que podamos conocer o imaginar. Sin embargo, es evidente que la ciudadanía femenina ha sido silenciada o ninguneada. El hombre -lo masculino-, cristalizado en
determinados clichés de rígida virilidad ha sido referencia exclusiva de socialización. A nuestro juicio, lo peculiar de lo que conocemos como patriarcado no es solo la dominación de lo masculino sobre lo femenino -que es como ya se ha dicho evidente-, sino una forma de monopolio que podemos llamar fa lócrata que niega y veta la diversidad de lo sexual. Así pues, el núcleo de tensión no sólo se produce entre lo masculino y lo femenino; sino entre un determinado modo de expresión de lo masculino y cuales 171 quiera otras formas de lo masculino también presentes (hombre homo sexual, hombre afeminado, hombre travestido, hombre refinado, hom bre pasivo, hombre sensible, hombre eroménico, etc.). En último término, este monopolio ha
servido fundamental mente a la negación de lo diverso, de lo distinto. En definitiva para la negación del sexo; puesto que si la referencia exclusiva es monosexual, el sexo no existe. Este mecanismo de dominación es del tipo metoní mico. Esto es, una parte del todo sustituye a la totalidad de la que forma parte. IV . El Pacto Sexual y la Revolución Sexual Conocemos como Pacto Sexual al marco de regulación social que se establece en virtud del sexo clasificado, desde fuera, en el propio na cimiento. Metafóricamente, se presenta como un acuerdo neolítico entre los sexos en virtud del cual los hombres se encargan de la caza, la defensa y el dominio extrafamiliar y las mujeres de la
recolección, el cui dado de la progenie y el dominio intrafamiliar. En lo sustancial, este pacto ha permanecido inalterado durante milenios. El pensamiento feminista ha criticado esta expresión -que presu pone acuerdo, contrato o armoníasustituyéndola por el término pa triarcado -del que se deduce dominación, jerarquía y represión de lo femenino-. Sea Pacto Sexual o Institución Patriarcal , lo cierto es que después de milenios de existencia este modelo de organización social estructu rada por razón de sexo se resquebraja y se tambalea. Los dominios, las funciones y tareas, los papeles, el estatus social, etc. pre-asignados en virtud del sexo
