137 23. EL TEST DEL CONTONEO GLÚTEO Desde que, en los años ochenta, emergiese con fuerza el uso del concepto culturalista (crecientemente desligado y desdeñante del sexo) el milenario dualismo Cultura/Naturaleza (o sus corolarios: Innato/Apren dido; Mente/Cuerpo; divino/humano; Biología/Psicología, etc.) se ha robustecido hasta el esperpento. Se habla ya de una doble realidad del todo disociada: de un lado, el sexo; del otro, el constructo cultural. En primera ins tancia el Sexo sería Biología y el constructo cultural sería Cultura. Aunque luego suele resultar que una realidad trata de un sexo constreñido y miserabi lizado y la otra realidad trata de un constructo cultural sobredimensionado y miti ficado . El asunto nos está haciendo perder mucho tiempo y energía, pero –bien miradotambién puede
servirnos al entretenimiento inte lectual. Entiéndase pues este documento como un juego para el diver timento cognitivo. Se trata del " test del contoneo glúteo ". Las pelvis femenina y masculina son distintas. La femenina tiene, por ejemplo, una mayor angulación del arco del pubis y tiene, así mismo, mayores distancias —relativas y absolutas— entre sus espinas ciáticas. Esto supone una especialización anatómica funcional y adapta tiva para el embarazo, el parto y, más discutiblemente, para la función centrípeta del coito. La pelvis masculina es más estrecha y con un arco púbico con diferente angulación (más agudo). Ello provoca que el án gulo formado por los respectivos fémures respecto al eje vertical de bi pedestación sea diferente en hombres y
mujeres. Esta diferencia es biológica y, por lo tanto, según el modelo sexo/constructo cultural, es una diferen cia sexual . El factor que la produce es el sexo. Quiero decir ese sexo: o sea, el sexo biológico . Vamos, que no es cuestión de constructo cultural . De la diferente distribución de grasas regulada endocrinamente resulta una distinta geografía somática en los cuerpos masculino y fe menino. Por esta razón, las líneas del cuerpo femenino se redondean, mientras que las del cuerpo masculino se "aristan". Las grasas femeninas se acumulan en el bajo vientre, nalgas, ca deras y pechos mientras que las grasas masculinas tienen una distribución menos especializada. Esta peculiaridad femenina supone sin duda una es pecialización anatómica funcional y adaptativa
para la gravidez y la lac tancia. Nuevamente, es otra diferencia sexual y el factor diferencial es biológico; por lo tanto, desde el punto de vista del modelo sexo/constructo cultural , la distribución de grasas es sexo. Quiero decir, ese sexo: o sea, el sexo biológico . Vamos, que no es cuestión de constructo cultural. De la actuación sinérgica de ambas peculiaridades —la distribu ción de las grasas y el ángulo femur/eje vertical de bipedestación— se obtiene un diferente modo de marcha en bipedestación. En el caso fe menino, osaremos llamar a este modo de marcha como " contoneo glú teo ", admitiendo que es propio del caminar femenino. El modo de marcha masculino al que nominaremos como " rigidez glútea
", está así mismo determinado por los mismos elementos, que se manifiestan y construyen de modo distinto. De momento, hablamos de biomecánica y el factor diferencial de estos dos modos de marcha sigue siendo el sexo. Quiero decir, ese sexo: o sea, el sexo biológico . Vamos, que no es cuestión de constructo cultural. Ahora bien, –y a partir de ahora nos centraremos exclusivamente en el "contoneo glúteo" femenino— a lo largo de la historia, este modo de marcha femenino ha adquirido un valor simbólico de feminidad: se ha convertido en un signo con un contenido culturizado. El significante se ha tornado significado: la carne se ha hecho verbo. Ha adquirido no sólo un significado y una interpretación sino también un
valor; incluso un precio. A partir de todo ello, se han arti culado mecanismos y artificios que podemos decir "socioculturales" para incrementar (a veces, también para decrementar) este pendular conto neo. De este modo, a lo largo de la historia de Occidente los tacones, las varillas, los miriñaques o los zagalejos, los ceñidos ropajes, las fajas, 139 los corsés, la minifalda, la falda caída o los faldones hiperquinésicos han sido recursos a través de los cuales la cultura —en el cuerpo de la mujer— se ha dotado de lenguajes, de signos, de significados, de valo res, etc. Puede decirse que se han creado incluso un importante mer cado del "marcado de oscilantes caderas". Desde el punto de vista del modelo
sexo/constructo cultural las diferencias — que serían culturales— del marcado y del marcaje de las caderas en vir tud de que estás sean masculinas o femeninas serían diferencias culturalizadas . Quiero decir, de ese constructo cultural: o sea, del plano cultural. Vamos, que no es cuestión de sexo. Es ya otra realidad: otro asunto. Aunque no se vea muy bien dónde y cómo se ha cruzado el linde. Cuando un varón, por cualquier motivo, pretende representar "lo femenino" dramatiza casi como primer signo corpóreo este contoneo glúteo. Camina pues, oscilando su cadera hacia un lado y otro. Hacia el Este y hacia el Oeste. Y puede afirmarse que existe cierta universalidad transcultural en la decodificación de este signo. Es relativamente similar
en un "show" de un tugurio de carretera en Arkansas al de una ceremo nia ritual en Madagascar o una simulación bromista en Nueva Guinea. Así pues, puede decirse que esta identificación signo/mujer se ha con vertido en una "representación cultural de carácter universal". Y esta gra maticalización transcultural es culturalizada. Quiero decir, de ese constructo cultural: o sea, del plano cultural. Vamos, que no es cuestión de sexo. Con todos estos datos encima de la mesa podemos ya pregun tarnos: es el contoneo glúteo ¿un contoneo sexual o un contoneo culturalizado?, si el contoneo lo realiza una mujer sin artificio alguno ¿es un contoneo sexual o culturalizado?, y si lo realiza un hombre impostando el gesto
¿es un contoneo sexual o culturalizado? Si fuese la mujer quien in crementase tal contoneo a través de tacones o minifaldas o si apren diese a cruzar sus pasos "como si pisase una línea" ¿estaría "culturalizando su modo de contonearse"? / EL TEST dEL CONTONEO GLÚTEO Yo creo que tales preguntas son valiosas y que la curiosidad es céptica sobre estos asuntos es del todo legítima. Así que, busco respuesta a estas cuestiones. Y para ello me inspiro en los argumentos de autori dad de uso más frecuente en las diversas ramas científicas. Con todo ello resulta que: a) del contoneo sexual (quiero decir: biológico, orgánico, material) se ocuparían los investigadores naturales ; b) del contoneo culturalizado (quiero decir: cultural,
simbólico, aprendido) se preocuparían los investigadores sociales. Además, como todo el mundo sabe, uno y otro son dos hechos del todo diferentes que no tienen conexión alguna. Así, quien sustente lo segundo con razones que aludan a lo primero actúa de mala fe y pretende contravenir todos los avances de la civili zación. Pues todo lo relacionado con lo segundo tiene sólo un sostén ex plicativo: el patriarcado y la histórica discriminación femenina. Cualquier alternativa explicativa es, simplemente, reaccionaria . Pero todo esto no aclara cuál es el papel de la Sexología en la producción de conocimiento sobre el contoneo. Así pues, no aclara mi propio papel como sexólogo. ¿Estaré disciplinarmente emigrando cuando persigo este objeto? Al parecer, sí. Se
me dice que no debería in teresarme por estos temas que no son "propiamente sexuales". T engo por cierto que la propia Sexología –por su condición hí bridatampoco ha sabido del todo definirse dentro de esta clasificación entre ciencias blandas y ciencias duras . Y me resulta evidente que, entre los sexólogos, hay una tradicional y marcada vocación por los métodos y las materias de las primeras. Pero ¿cuál sería el papel de la Sexología respecto al conocimiento del tal contoneo? Me temo que ninguno. Y esto porque se presume que la Sexología no ha de ocuparse de estos movimientos laterales que las caderas realizan en la marcha sino de esos otros movimientos —que lla maremos "antero-posteriores"— que las caderas,
aunque mejor la pelvis, realizan cuando participan en la otra "marcha". La que suele celebrarse en la horizontalidad del encuentro amoroso. 141 Lo cierto es que me llena de perplejidad y de inquietud este asunto. Si el contoneo biológico es un contoneo por sexo —o sea, un contoneo sexual— digo yo que será susceptible de ser abordado por la curiosidad sexológica. Siempre que la haya. Pero resulta que el contoneo propiamente sexual es el contoneo antero-posterior, del que no cabe duda alguna que sí es materia sexológica. T an sexológica que, en este caso, los sexólogos pueden –y sueleninteresarse tanto por los aspectos duros como por los aspectos blandos de tal asunto. En este caso, sí pue den conectarse saberes
que están a una y otra orilla de esta miserable or ganización científica que ha seccionado los saberes en dos bandos irreconciliables. Me parece a mí que alguna disciplina científica debería de poder explicar la naturaleza, la génesis, la historia, la significación, etc. del con toneo glúteo ; tanto de sus aspectos blandos como de sus aspectos duros con algún grado de fiabilidad, integración y coherencia. Alguna rama de la ciencia debería de ofrecer alguna coherencia teórica que permitiese or denar con sensatez, rigor y lógica desde la configuración ósea y las hor monas responsables del almacenamiento graso glúteo hasta la significación simbólica de este sinuoso pendular. Pasando, por ejemplo, por alguna explicación que permitiese entender la inquietante correla ción
negativa entre la superficie de tela y el precio de las minifaldas. Y ya puestos, la tal ciencia quizás podría diferenciar, pero también inter conectar, ambos contoneos: el latero-lateral y el antero-posterior. Pues, una vez metidos en harina, uno adivina claramente conexiones y rela ciones. Esto es, consistencias epistémicas. Yo creo que si la tal rama científica no existiese habría que in ventarla. Pues la alternativa sería una ignorancia desgajada de los mis terios contoneantes . A lo que me niego rotundamente. Pues bien, comunico con humildad que esta ciencia no hay que inventarla. Con más o menos éxito de crítica y público, está inventada desde principios de siglo XX. Más aún, declaro que el desconocimiento / EL TEST dEL
CONTONEO GLÚTEO de su existencia es negligente ignorancia. La tal disciplina, lógicamente, se llama a sí misma Sexología y se preocupa de "lo sexual", si se prefiere del "hecho sexual": o sea, del hecho de los sexos. Por lo tanto, se inte resa por sus diferencias, sus identidades, sus mixturas y sus relaciones (no sólo íntimas sino también públicas). Así pues, también se dedica, entre otras muchas cosas, a desentrañar y a obtener conocimiento cierto sobre la naturaleza y el significado de estos oscilantes movimientos de glúteos y caderas. ¿Y de los otros contoneos no se ocupa? Sí, de los otros, también se ocupa. Quiero decir: "no sólo pero también".
