121 22. BÉSAME MUCHO 1. Erótica y oralidad A finales del siglo XIX el insigne Sigmund Freud, en su intento de descubrir los orígenes de la sexualidad humana, describió tres etapas evolutivas del erotismo infantil. Estas eran: la etapa oral, la etapa anal y la etapa genital. Freud, y después sus seguidores, cometieron respecto de esto, dos grandes errores que conviene resolver y revertir. En primer lugar, Freud no cayó en la cuenta de la existencia de una cuarta etapa del erotismo infantil: la etapa epidérmica. Esta etapa es, en realidad, la primera y seguramente la más principal de todas. T anto entonces como ahora, los niños nacen con "sed de piel" y re suelven esta necesidad erótica lo mejor
que pueden y les dejan. En segundo lugar, Freud supuso erróneamente que estas tres eta pas eran secuenciales y disyuntivas . En razón de ello, estimó que la evo lución hacia la madurez erótica implicaba el abandono de la etapa anterior al ingresarse en la etapa nueva. Por ello, introdujo el concepto "fijación " que daba cuenta de una cierta detención de este proceso evo lutivo. En último término Freud, que participaba del Paradigma de Genus , consideraba que la genitalidad sería el estado final —maduro y adulto— de la erótica humana. Con ello no hizo sino contribuir a la "fi jación genital" tan propia de nuestra cultura y nuestro tiempo. Sin em bargo, no es justo culparle a él
solamente puesto que este logro cultural tiene muchos padres. Hoy podemos afirmar que en la erótica adulta coexisten —o pue den hacerlo— armoniosamente las cuatro eróticas que evolutivamente van apareciendo en la infancia: de un lado, la olvidada erótica epidér mica; y, de otro, las mencionadas eróticas: oral, anal y genital. Sabe mos, además, que el proceso de madurez erótica no es un "traslado" a lo largo de unas etapas evolutivas disyuntivas; sino un ingreso secuen cial que propicia, inclusivamente, la integración armoniosa de todas ellas en la erótica adulta. Según esto, la oralidad adulta no sería, en abso luto, ni "fijación", ni "regresión", ni ninguna otra forma de infantilismo erótico . De hecho, afirmamos rotundamente que en la erótica
adulta están presentes, con más o menos centralidad, todas estas "eróticas in fantiles". Y , en este marco, el beso suele ser a la erótica oral madura, lo que el coito a la erótica genital madura o la caricia a la erótica epidér mica madura. Esto es: gestos eróticos centrales y sumamente frecuentes. Así que, la expresión amatoria de muchas parejas se constituye casi ex clusivamente de estos tres gestos eróticos: besos (de diferentes tipos), caricias (de diferentes modos y en diferentes zonas) y coitos (en dife rentes posturas). Quedaría ausente la erótica anal (aunque mucho menos de lo que suele creerse, decirse y aceptarse) abandonada al ostracismo de lo indeseable, lo silenciado y lo prohibido. La presencia de la
oralidad en la erótica adulta es tan central que ha producido lenguaje y cultura. De hecho, todo nuestro restringido vo cabulario erótico está lleno de incontables referencias orales; y, muchos de los nombres que damos, tanto a los genitales como a otras zonas erógenas (incluso los considerados más groseros), hacen clara referencia al universo de lo oral. Muy frecuentemente, a lo comestible. 2. El valor erótico de la boca La boca está llena de innumerables receptores sensitivos que in forman a nuestro cerebro de los estímulos recibidos, inundándole así de 123 cálidas y gratas sensaciones. Así mismo, la boca y cada uno de los ele mentos que la constituyen –fundamentalmente lengua, labios y dientesson magníficos estimuladores con los cuales podemos
regalar y regalar nos de maravillosos momentos de amor y gozo. Llamamos protuberancias sexuales a los estímulos anatómicos que, en cada especie, tienen un valor de reclamo erótico. Por ejemplo, la colorida cola del pavo real o la exuberante melena del león. En nues tra especie, la boca es una protuberancia sexual. Así que los labios, los dientes o la lengua resultan potentes estímulos que suscitan –o pueden hacerloatracción, deseo y excitación. Por ello, son imagen frecuente mente usada en publicidad: por su potente capacidad de reclamo. Pién sese en una boca atractiva provista de blancos dientes enmarcados en carnosos labios sobre los cuales se desliza, provocativa y cadente, una lengua húmeda. No tiene mucho que ver con un coche
o una bebida,… pero estimula. ¡Vaya si estimula! Por eso la industria publicitaria asocia estímulos sexuales con campañas promocionales de productos compra bles. En razón de todo lo anterior, conscientes o no, dedicamos un nada despreciable esfuerzo en "mejorar" esta protuberancia y, a través de ello, incrementar nuestro potencial atractivo. Además de su atractivo, la boca –por lo tanto, los labios, los dien tes y la lenguason fuente de estimulaciones eróticas específicas suma mente gratas. Así: mordisquearle al amante los lóbulos, los pezones, los labios o la lengua; morderle la espalda, la nuca, los hombros o las nal gas; lamerle los genitales, los pechos o los muslos. O también: pasear la lengua sin prisa por toda la superficie epidérmica amada;
acariciar dul cemente con los labios cada recoveco de su cuerpo; humedecer con cá lida saliva cada uno de sus poros; chupar, besar, susurrar, piropear cada rincón de su geografía corporal... son, todos ellos, gestos eróticos su mamente gratos y hechos amatorios con valor propio. No tienen por qué ser prolegómenos , ni mucho menos subsidiarios , de otras conduc tas también posibles. / BÉSAME MuCHO 3. El instinto de besar T endemos a asociar instinto y animalidad; luego, a contraponer instinto y humanidad. Sin embargo, lo que hace verdaderamente pecu liares a los humanos es que somos el animal con mayor cantidad y mayor diversidad de instintos. Y , además, con mayores y mejores re cursos para gestionar esta
potencialidad instintiva. T ambién solemos con traponer instinto a voluntad. Sin embargo, una de las peculiaridades de los humanos es que tenemos la potente capacidad de gestionar, volun tariamente, nuestros instintos. Pues lo instintivo, si humano, está some tido a voluntad. La conducta erótica es en gran medida instintiva. Lo mismo po dría decirse del lenguaje, la bipedestación, la nutrición, la masticación, la cooperación, la vinculación afectiva o la autoprotección. Ahora bien, afirmar su original condición instintiva no significa en modo alguno negar cualidad humana alguna a la erótica, ni mucho menos disminuir la importancia del proceso de culturización. Pues los humanos –para bien; pero también para malculturizamos y pasamos por potentes fil tros de cognición y cultura todos y
cada uno de nuestros instintos. Hasta el punto que, en ocasiones, –incluso despatrimonializándonos de un bien-, somos capaces de inhibir, anular o mutilar algunos de ellos. Con el resto de los mamíferos compartimos mucha oralidad en la relación materno-filial (que en ocasiones llamamos "la escuelita del amor"). Así: el reflejo de succión del neonato o el lameteo maternal son gestos casi invariables en todas las especies mamíferas que garanti zan no solo la nutrición alimenticia sino, también, la vinculación afec tiva. Así mismo, el traslado maternal de los cachorros en casi todas las especies mamíferas se produce mediante el mismo "mordisco no pun zante en la nuca" que muchos amantes humanos mutuamente se dis pensan. 125 Por otro lado, la
boca –especialmente los labios y la lenguaestá llena de receptores sensoriales eróticos y erógenos muy bien conectados con el "cerebro emocional" y con los centros cerebrales responsables del deseo y la excitación. Las feromonas —sustancias volátiles de reconocimiento y comu nicación eróticas—se secretan fundamentalmente en glándulas sudorí paras y salivares; y el órgano vomero-nasal encargado de la recepción y decodificación feromonal está ubicado en la nariz, que a su vez está íntimamente conectada con la boca. La postura coital prácticamente exclusiva de los mamíferos es el "coito a tergo "; esto es, con penetración posterior. Sin embargo, algunos primates —y, entre ellos, los humanos— han dado prioridad a la pene tración de frente ("face to face"). Frecuentemente, los antropólogos han
explicado este cambio postural por el anhelo humano de contacto visual y bucal. Desde luego, los sexólogos podemos dar cuenta que muchas personas "necesitan" (como condición erótica ineludible) el encuentro interbucal para la celebración del coito. No ya como prolegómenos o como conclusión, sino como acompañamiento necesario. Así como la cópula es una conducta que, relativamente, com partimos con el resto de los mamíferos; el beso es un gesto erótico que, relativamente, sólo compartimos con los primates. Ahora bien, aunque es cierto que muchos primates también besan y se besan (al menos producen contactos interbucales observables con significación erótica), el beso no tiene en aquellos ni la diversidad, ni la gramática, ni la significación que ha alcanzado en la especie
humana. Desde este punto de vista, podría afirmarse que el beso es pro bablemente una de las conductas eróticas más simbólica, más subjetivi zada, más culturizada y más evolucionada de cuantas los humanos / BÉSAME MuCHO podemos llevar a cabo. Dicho así, parecería que el beso es, sobre todo, construcción hu mana y obra cultural. Sin embargo, como suele ocurrir siempre respecto a cualquier aspecto de la sexualidad humana, las cosas no son tan sim ples como nos obstinamos en creer. Como ya hemos dicho, la erótica – toda ellaes en gran medida instintiva. Y la oralidad —que es uno de los modos de la erótica humana— es demasiado ancestral en nuestra espe cie y está muy fuertemente anclada en
nuestra propia neuroanatomía como para que pueda explicarse estrictamente en términos de historia y cultura. Pero en cualquier caso, la erótica humana está demasiado en tretejida por la historia y la cultura humanas como para poderse expli carse al margen de ellas. Y esto porque las diferentes culturas han reconstruido el anhelo interbucal humano dotándolo de significados. Así que, en la actualidad, el beso no es solo un hecho sino, también, un símbolo; no es sólo un gesto sino, también, un significado; no es solo un instinto sino, también, una costumbre. 4. El beso y las culturas En nuestra cultura, la manifestación amorosa por antonomasia es el encuentro y la comunión bucal entre los amantes. Esto es, en sus múltiples
formas: el beso. A través del beso no sólo sentimos placer y gozo sino que transmitimos nuestros más íntimos sentimientos y sensa ciones. Así pues, la boca es a la vez fuente del propio placer e instru mento a través del cual gratificamos a nuestro compañero o compañera de juego amoroso. El beso es una conducta erótica concreta. Una más, entre cientos de ellas. Pero como iremos viendo, una bastante especial. De hecho, en nuestra cultura es la conducta erótica por excelencia: la más frecuente, la primera que aprendemos en nuestra biografía erótica y la primera que suele aparecer en cualquier acto erótico entre dos personas. 127 Su centralidad erótica es tal que, en muchas ocasiones, el en cuentro erótico
no es sino una secuencia de hechos y gestos corporales —con más o menos compromiso genital— que "cuelgan" todos ellos de un largo y continuado beso relativamente ininterrumpido. Sin embargo, aunque lo anterior es bastante cierto y generaliza ble en nuestra cultura occidental, no en todas las culturas humanas el beso ocupa un lugar tan central y preponderante en el encuentro eró tico. Por ejemplo, en la cultura somalí, la cewa, la lepcha o la sirionó el beso es una práctica poco frecuente; y, desde luego, nada promovida y bastante censurada. Y entre los tonga sudafricanos el beso es conside
