99 18. MISERIAS DE LA REVOLUCIÓN SEXUAL En las últimas décadas se viene produciendo en el mundo occi dental una transformación radical de lo cotidiano conocida como Re volución Sexual . Erróneamente se ha identificado esta revolución con la variación de los usos eróticos privados, con la mayor presencia de lo erótico en los medios públicos, con el incremento de la permisividad erótica, con la democratización de la anticoncepción y con la reivindi cación de determinados derechos de naturaleza sexual por parte de al gunas minorías eróticas. Pues bien, aunque lo anterior guarda alguna relación con la Revolución Sexual, el término se refiere fundamental mente a la quiebra del modelo de relaciones entre los dos sexos que se viene produciendo
desde el siglo XVIII y que ha dado lugar a la ruptura del milenario " pacto sexual " por el cual los roles, las ocupaciones labo rales y en definitiva lo que podríamos llamar " guiones de vida " estaban socialmente determinados por el sexo asignado al nacimiento en virtud de la presencia genital. Esto es, por ser clasificado como hombre o como mujer. La mayor aportación del siglo XX al desarrollo de la Cultura es precisamente esta modificación del marco de reglas en las relaciones entre los sexos. Y esta revolución incruenta y silenciosa viene ocurriendo tanto en el ámbito público como en el ámbito íntimo. Los hombres y las mujeres se relacionan entre sí de un modo absolutamente
distinto a cómo se han relacionado a lo largo de toda la historia. En sentido positivo, el mayor logro de esta Revolución Sexual es el ingreso de la mujer en el mundo educativo, laboral y político. Sus avances en su calidad de sujeto político y de individuo erótico. Y en ge neral, la creciente feminización de nuestra sociedad. En sentido nega tivo, la Revolución Sexual nos ha traído: estigmatización, culpabilización y minusvalorización de lo masculino, emergencia de una Guerra de los Sexos artificialmente alimentada, invasión de lo íntimo con criterios pú blicos y prescriptiva igualación sexual. Se han glosado mucho los efectos benéficos de esta revolución; no obstante, no todo son luces y ventajas. Hay también sombras e in convenientes
sobre las que hemos de reflexionar constructivamente tra tando de corregir lo equivocado. Sobre estas cuestiones versan estas líneas. Esta Revolución –como todas las revolucioneses obra del pen samiento crítico; pero, a su vez, también recela del pensamiento crítico al que se acusa de ser antirevolucionario o reaccionario. Los integristas de esta revolución (al igual que los de otras revoluciones) tienden a creer que cualquier crítica que se haga a esta revolución es obra de una re acción que pretende rescatar y reponer el antiguo régimen sexual. Así que, también esta revolución ha reclutado beligerantes guardianes que recelan y combaten toda crítica que descalifican como reaccionaria. Con todo esto estamos instaurando entre nosotros y nosotras un pensa miento y unas
prácticas parabélicas que propenden a formas simbólicas de aniquilación del adversario. Es una locura. Los Sexos no pueden –ni debenconfrontarse; sino, al contrario deben de organizarse y, en diálogo cooperativo y mutuamente bene factor, ir construyendo otro juego con otras reglas. Sin embargo -en estos momentos y cada vez máslas relaciones entre los sexos están trufadas de incomunicación, de desconfianza, de sospecha, de confrontación y de culpabilización. Estamos resolviendo con Lucha, Legislación, Justicia y Código Penal lo que deberíamos de estar resolviendo con Cooperación, Educación, Conocimiento y Cultura. Lo masculino no puede descalificarse, ni estar permanentemente en estado de fiscalización y sospecha. Lo masculino es también, como lo femenino, un valor. En absoluto es una lacra. Y los hombres no
son ene migos. Al contrario, lo masculino (como lo femenino) debe de cono cerse, respetarse y valorarse en su condición masculina. La misandria (re chazo, odio, desconsideración o desprecio hacia lo masculino) es una grave y creciente lacra que debemos, unos y otras, evitar en lo posible y combatir cuando se obstina en tensar las relaciones entre los sexos. La confusión entre las esferas públicas y privadas es otra lacra que se nos está yendo de las manos. Nuestra cultura esta ́ propiciando, por un lado, la irrupción de lo público en lo íntimo (normativización y re glamentación legal y política de lo íntimo, etc.); y, por otro lado, irrup ción de lo íntimo en lo público (realitys shows, publicidad
de aspectos íntimos, outing, etc.). Invadir con lógicas públicas lo íntimo y hacer pú blico lo íntimo es un disparate que debemos de corregir rápido y bien. La "igualdad sexual" -convertida hoy en axioma y en precepto– debe ceñirse estrictamente a los derechos, las obligaciones y las oportu nidades universales. Pero nos convendría caer en la cuenta de que nada es "con independencia del sexo". Somos cada uno –ellas y ellosde pendientes de nuestro sexo. Además, cada quien –unos y otrasdepen dientes del otro sexo. Y encima, ambos –hombres y mujeresineludiblemente sexuados e interdependientes. Interdependientes in cluso en el interior del propio individuo (que es intersexual). Podremos renegar de esta interacción y esta interdependencia, pero nos perseguirá tanto en la
plaza política, como entre las sábanas eróticas, como en el interior de nuestra propia identidad. Sin que nadie, nunca, se escape. Hombres y mujeres somos, por muchas razones, diversos y dife rentes. El sexo se dedica precisamente a eso: a que lo seamos. Las dife rencias sexuales entre los sexos -y dentro de cada uno de ellosson extraordinarias. No deberíamos de contrariar, contravenir, descalificar, ni desconsiderar tales diferencias sexuales. Antes al contrario, nos iría mejor si las conociésemos y las estudiásemos; si las respetásemos y las promoviésemos. Cuanto mayor es el conocimiento sobre estas diferencias sexua / MISERIAS dE LA REVOLuCIÓN SEXuAL les, más evidentes resultan. Algunos quieren ver en estas investigaciones a los "viejos" fantasmas discriminacionistas. Otros quieren "usar"
estos conocimientos para fundamentar y "resucitar" la discriminación sexual antifemenina. Sin embargo, la discriminación que históricamente ha su frido la mujer ha sido causada y sustentada por los prejuicios y la igno rancia sexual. Por cierto, aunque suela omitirse, prejuicios e ignorancia tanto de ellos como de ellas. Y sólo el conocimiento racional y razona ble de los sexos y sus interdependencias eliminara ́ tales causas. Combatir las diferencias sexuales y la diversidad sexual es com batir el sexo. Y combatir el sexo es dañarnos en lo más íntimo y valioso de nosotros mismos. No aceptar y organizar nuestras diferencias, difi culta sobremanera nuestra convivencia: la pública y la íntima. Y desde luego nuestras capacidades sinérgicas, cooperativas y mutuamente be
néficas. Hombres y Mujeres no necesitamos la Guerra de los Sexos (en la que perdemos todos) y sí necesitamos la Convivencia de los Sexos (en la que todos ganamos). En el seno de las parejas heterosexuales –que es de lo que tengo más conocimiento y más experienciaestamos crecientemente extra viándonos. Los unos y las otras así que, con motivo de la supuesta igual dad sexual, los hombres tienden, cada vez más, a tratar a sus mujeres "como si" éstas fueran como los hombres. Y por contra, las mujeres tien den a tratarlos "como si" éstos fueran como las mujeres. Es un disparate. De este modo, unas y otros logran frustrarse y sentirse no entendidos; o sea, sufren. Desde luego, los
hombres pueden "feminizarse" y las mujeres pue den "masculinizarse". Unas y otros podemos crecer y perfeccionarnos dejándonos impregnar por "lo otro". El error se produce cuando trata mos a "lo otro" como si fuera "lo mismo". Cuando pretendemos colo nizarlo. Cuando hacemos que la medida de "lo igual" sea precisamente "lo propio". O cuando –sencillamenteno aceptamos lo que somos y lo que son. 103 No obstante algo deberíamos de hacer –en positivo y sin que se activen sospechas, suspicacias, desconfianzas o combatespara que los hombres se masculinicen positivamente y para que las mujeres se femi nicen positivamente. Y para que unas y otros vivan armoniosamente consigo mismos/as y con lo otro. Pues no se ́ para que ́ otra cosa
mejor podría servirnos el Saber y la Cultura. CORTOS Nada nuevo bajo el sol. T endemos a pensar que hemos descu bierto la erótica -sus luces y sus sombrasen este siglo. Sin embargo, en asunto de amores no hemos descubierto prácticamente nada. Aunque nos parezca material recién horneado el orgasmo femenino, la mastur bación, los métodos anticonceptivos, la ternura, el deseo, la pornogra fía, la prostitución, las disfunciones sexuales, las enfermedades de transmisión genital, las rupturas matrimoniales o la violencia sexual son tan antiguas como el mundo. Democratización de los saberes. Otra gran aportación de este siglo respecto a la esfera sexual, es el incremento del conocimiento cien tífico -sexológicoy, sobre todo, la mayor democratización de este co nocimiento. De
esta suerte, si en el Antiguo Egipto solo tenían conocimientos anticonceptivos los médicos de los faraones, en la ac tualidad cualquier ciudadano medio puede disponer de ellos. Ahora bien, tampoco vayamos a engañarnos, los anticonceptivos se han uni versalizado por razones de consumo. Entonces y ahora el conocimiento sexual de más alto nivel sigue permaneciendo en ámbitos restringidos. Incluso la Educación Sexual más básica sigue siendo una necesidad social y un anhelo humano no resueltos. Igualdades e igualaciones. Ellos pretenden que ellas sean se / MISERIAS dE LA REVOLuCIÓN SEXuAL xualmente más ejecutivas y menos expresivas ("menos parloteo y que empiece ya"), que apremien y acorten su tiempo erótico ("por qué no va al grano sin tanto rodeo"), que genitalicen
en mayor grado sus afec tos ("si tanto me quiere por qué no hacemos el amor más a menudo"), que separen en mayor medida sus sentimientos de sus sensaciones ("que ́ tiene que ver estar triste con tener ganas"), que se centren más y conce dan mayor valor al orgasmo ("ahora no puedes dejarme así, sin co rrerme"). Por el contrario, ellas pretenden que ellos sean menos ejecutivos y más expresivos ("no pretenderá esto sin que siquiera halla mos hablado antes"), que extiendan y ralenticen su tiempo erótico ("pa rece que te corre prisa"), que corporeicen y verbalicen sus afectos ("acaríciame, ten detalles, dime cosas bonitas"), que enlacen las sensa ciones con los sentimientos ("cómo puedes excitarte ahora después de
las cosas que nos hemos dicho"), que se centren menos en el orgasmo ("estoy harta de que me preguntes qué tal o si ya he llegado").
