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Capítulo 17: Coito Ergo Sum

Texto breve para la divulgación de los sexos · Adaptación editorial para blog
Imagen ilustrativa del capítulo 17

91 17. COITO ERGO SUM El término coito —que procede de la expresión latina: coire — quiere decir "ir con", "estar con", "vivir con". Pese a su etimología, en sus usos actuales, suele hacer referencia al ayuntamiento o la cópula . En castellano los verbos ayuntar y copular significan a su vez juntar o unir . Sin embargo, cuando se habla de coito suele hacerse referencia a una sola y exclusiva forma de "ir con", de "estar con", de unir o de juntar. Esta es: penetrar, introducir, meter. T ampoco cualquier cosa en cualquier sitio; expresamente quiere decir: "introducir el pene en el interior de la vagina". Cuando el sustantivo "coito" no se acompaña con adjetivo al guno, se sobreentiende

que está queriendo decir: "penetración del pene en la vagina". Y se da por hecho la erección de este pene y —cada vez más, aunque no siempre— la humedad y la receptividad de esa vagina. Porque se presume un pene turgente y una vagina receptiva. Incluso, si cabe, se presupone a un hombre —que está arriba— penetrando a una mujer —que está debajo—. Esta no es exactamente la realidad, pero si es su representación. El coito intergenital se ha convertido gracias a una larga influen cia eclesiástica —y también médica— en la única conducta erótica legí tima. Por obra y gracia de san Agustín, todo lo que no era para la generación acabó siendo degeneración . Así, el encuentro amoroso

dejó de ser erótico y hedónico para convertirse en genésico; por lo tanto, sólo había una finalidad legítima (el embarazo) y sólo había un marco adecuado (el matrimonio). Sin embargo, no es justo responsabilizar de esta constricción erótica sólo a las grandes religiones monoteístas. Por ejemplo, muchos tratados eróticos nada sospechosos de resultar ecle siales (pues fueron eclesialmente perseguidos) son, también, una colec ción más o menos organizada de diferentes posturas coitales. Aunque de un modo menos agresivo y disparatado desde el pro pio marco sexológico se ha hecho un enjuiciamiento muy crítico de la práctica coital. Así, ha emergido un discurso sexológico contra el coito centrismo . Ahora bien, conviene darse cuenta que lo combatible es el centrismo no

el propio coito. En este caso, no es el coito lo que está mal o lo que es indeseable o nocivo, sino que es su obligación, su exclusivi dad o su monopolio. No es malo que esta cosa se haga; lo malo es que se tenga que hacer esta cosa o que no se pueda hacer otra cosa que ésta. T odo ello ha dado lugar a la siguiente pugna: o el coito lo es todo (es la finalidad y es la medida misma del encuentro erótico hete rosexual) o el coito no es nada (es indeseable y ha de evitarse). Así que propendamos: o bien a un reduccionismo coitalizador de la erótica hu mana; o bien al prohibicionismo descoitalizador

de ésta. Pero yo creo que no nos conviene ni lo uno, ni lo otro. La inserción del pene en el interior de la vagina, esto es un hecho incontestable, sigue siendo la conducta erótica reina en la mayor parte de las parejas heterosexuales. Con frecuencia, si no es la única, sí es la principal, es la pretendida y es la última. De esta suerte, el resto de com portamientos eróticos, se convierten: en "sustitutivos", en "aderezadores" o en "preparativos". Pero, al final, se pretende, se busca, se prepara,.., todo para que el pene se aloje dentro . Esa es una de las exigencias de lo que llamamos «Tiranía 3D»: "que Dure Dura Dentro". En este caso, se trata del

más antiguo de todos los requerimientos sexuales pues su jus tificación se encuentra en la historia de Onán que se narra en el libro del Génesis. Esta fijación por proponer la cópula como el único acto, como la única pauta, como el único comportamiento,... ha ido produciendo un coitocentrismo que llena el encuentro amoroso de expectativas y 93 obligaciones que son del todo ajenas al deseo, a la excitación o al pla cer. El asunto ha alcanzado una dimensión tal que algunas personas piensan del siguiente modo: "soy un adulto erótico en tanto que prac tico el coito"; o sea, "coito ergo sum". Lo cual es, seguramente, excesivo y esperpéntico. Puede ser útil resituar esta conducta coital en el marco

global de la erótica humana. Para entendernos de una forma sencilla, los sexólo gos solemos distinguir tres dimensiones teleológicas (tres finalidades) tí picas de la sexualidad humana. Nos gusta decir «las tres erres» del encuentro amoroso; a saber: reproducción, recreo y relación. Lo cual, dicho en otras palabras también puede ser: hijos, placer y amor; o tam bién: Genus, Hedoné y Eros. El coito es la única conducta erótica con potencial reproductor; en realidad, procreador. Así pues, cuando la finalidad del encuentro es reproductiva, cuando se pretenden hijos, el resto de las conductas eró ticas son cuanto menos inservibles. Aunque dicho sea de paso, el coito —de sí mismo— tampoco garantiza el embarazo. Pues son necesarias algunas condiciones más para

que el milagro de la vida se realice. En concreto, se requiere además del eyaculado intravaginal que el semen tenga una suficiente carga de espermatozoides vivos, móviles y bien for mados. Se requiere, además, que muchos de éstos espermatozoides sean capaces de alcanzar la zona ampular de las T rompas de Falopio. Se re quiere, también, que el ovario extraiga un óvulo maduro y preparado (ovulación) alojándolo en esta zona ampular de las T rompas de Falopio donde, en principio, va a producirse la concepción. Se requiere que los espermatozoides y el óvulo se reconozcan y que un espermatozoide (con la colaboración activa de un montón de sus compañeros) consiga introducir su carga genética en el interior de él (concepción).

Se requiere, además, que este óvulo fecundado inicie la división celular y principie el viaje a través de la trompa hasta llegar al útero. Se requiere, además, que la piel interna del útero (endometrio) este ́ preparada para que el ci goto prenda en sus pliegues (anidación) mientras continúa su proceso de división celular. A partir de este último suceso se inicia, propiamente, el embarazo. Que, a su vez, puede –o noprosperar con éxito hasta llegar / COGITO ERGO SuM al parto. Desde el punto de vista recreativo, el coito suele garantizar el or gasmo del hombre, pero no necesariamente logra el orgasmo de la mujer (recuérdese que el glande del clítoris esta ́ situado fuera de la va gina).

Ahora bien, con orgasmo o sin él, el coito puede ser gratificante, placentero y divertido para ambos. Aunque a veces, conviene no olvi darlo, también pueda ser obsesivo, lesivo, insatisfactorio o doloroso; sobre todo, para la mujer. Finalmente, algunos de los requerimientos de la dimensión rela cional sí pueden verse satisfechos con esta conducta, por cuanto que comparativamente con otraspermite simbólicamente el sentimiento de "fusión" ( ́"sentirte dentro de mí", "sentirme dentro de ti", "sentirnos uno", "fundirnos en un solo cuerpo"). Las personas no siempre pretendemos fundirnos con el otro, pero cuando lo deseamos, el coito nos permite una comunión corpórea especialmente íntima e intensa. Vamos que el coito da lo que da. Ni tanto, ni tan calvo. Dema siado

pequeño para convertirlo en todo o en completo . Pero demasiado importante para desdeñarlo como si fuese una pequeñez o una banali dad. CORTOS Los nombres con los que nombramos. Analizar el lenguaje nos permite ver que ́ hay detrás de las palabras que usamos. Así, los nom bres dan buena cuenta de qué es lo que tenemos en la cabeza. Por ejem plo, vagina significa vaina que es donde se guarda la espada. Ahora bien, aunque se diga, es evidente que las mujeres no tienen un recipiente 95 para guardar nada. Otro ejemplo, la expresión " relación sexual com pleta " es un eufemismo para referirse a la penetración sin nombrarla; ahora sí, si la penetración es completa, ¿completar

cualquiera del resto de posibles relaciones sexuales es incompleto?. En fin, otro lío. Las ex presiones "hacer el acto", "hacer el amor", "uso del matrimonio" o "dé bito conyugal" también hacen referencia, todas ellas, al coito. Pero, cuando se produce la inserción del pene en la vagina ¿hacemos "el acto sexual" o "un acto sexual"?. A su vez, el amor ¿se hace o se siente? Y , si se hace ¿se hace penetración mediante? El matrimonio ¿se usa o se ha abusado del uso de un término que va cayendo en desuso?, ¿es el coito un deber o una deuda?. En fin, que si lo pensamos un poco, las expre siones que usamos son de traca. Fornicación. Durante muchos siglos

de puritanismo eclesial se han ido pervirtiendo algunos términos que originalmente significaban una cosa y han acabado significando otra bien distinta. Así, lo que ori ginalmente quería decir "ir de putas" (fornicar) acabó siendo sinónimo de cópular . En aquella Roma Imperial de Augusto las fornicaria eran las prostitutas que se exhibían en los fornix (porticadas de los grandes edi ficios públicos). En aquel tiempo, fornicar era tener trato carnal con prostitutas descaradas pues ni siquiera se escondían de la mirada pública. Andando el tiempo, y por influencia eclesial, se fue generalizando su uso para referirse a cualquier encuentro amoroso fuera del matrimonio. Él neurótico San Agustín todavía fue más lejos y empezó a usar el tér mino, dentro del

matrimonio, en referencia a la cópula sin propósito genésico (lo que hoy llamaríamos coito protegido ). Finalmente fornicar acabó siendo algo así como: "cópula lujuriosa". Lo cual, se denomine como se denomine, lejos de ser una conducta perniciosa, es un com portamiento muy agradable. La primera vez. El coito, el primer coito, se ha convertido en un ritual de iniciación al estadio adulto. Nuestros jóvenes, más que nunca, se sienten presionados a su realización. Con frecuencia lo buscan com pulsivamente para autoetiquetarse como "sexualmente adultos". En esta carrera, transgreden a veces su propio ritmo. Y lo que es más grave, au toconvertidos en "adultos prematuros" dan por finalizada la etapa de / COGITO ERGO SuM conocimiento y experimentación del propio

cuerpo y del cuerpo de su pareja. Abandonar los estudios demasiado pronto nunca es una buena inversión. No hay forma de ser un buen amante si no se invierte lo su ficiente en alcanzar conocimientos, valores, destrezas, habilidades, pro cedimientos,..., amatorios. Otros coitos. El coito interfemoral , también conocido como "coito anteportas ", consiste en la inserción del pene entre los muslos. En el coito intermamario , el pene se aloja entre los pechos femeninos. T am bién las axilas, la conjunción en forma cóncava de las manos o los pies, los glúteos o la región poplítea (parte posterior de la rodilla) pueden convertirse en alojamientos acogedores y gratificantes para el pene. Coito reservado. El coito no exigente o coito

reservado con siste en la inserción del pene en el interior de la vagina sin que se pro duzca eyaculado. Incluso, sin que se produzca movimiento pélvico alguno. Lo peculiar de este comportamiento es que no se pretende el or gasmo masculino, aunque sí puede darse el femenino. Por lo tanto, ni siquiera requiere la erección del pene. Coito interrumpido. En el coito interrumpido o " coitus inte rruptus " sí se pretende y se procura la eyaculación masculina pero ésta se produce en el exterior de la vagina para lo cual se extrae el pene justo antes de que