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Capítulo 16: El Gozo Del Verbo

Texto breve para la divulgación de los sexos · Adaptación editorial para blog
Imagen ilustrativa del capítulo 16

87 16. EL GOZO DEL VERBO A mediados de los noventa se proyecto ́ en las salas de cine es pañolas un largometraje cuyo título ("Sexo oral") jugaba con la polise mia del adjetivo "oral" que, en castellano, puede entenderse: bien como bucal , bien como verbal . Al hilo de esa misma doblez, exploraremos aquí el sexo oral pero no en tanto que amor hecho con la boca sino en tanto que erotismo hecho con sonidos, significados y connotaciones; o sea, con verbos y verbalizaciones. En el Evangelio de san Juan se dice aquello de que " el Verbo se hizo Carne y habito ́ entre nosotros " en referencia a la divinidad del que había nacido del vientre

de una mujer. Sin ánimo sacrílego alguno, to maremos prestadas aquellas palabras del santo evangelista para hablar aquí de asuntos mucho más prosaicos, pero no por ello, banales: el verbo hecho carne en el encuentro amoroso y la carne hecha verbo para los gozos del amor. Luego reflexionaremos un poco sobre la posibilidad de convertir las palabras en gozos y los gozos en palabras. Durante mucho tiempo, el juego amoroso fue ciego por culpa de una imposición: la oscuridad. Poco a poco se fue haciendo la luz en el escenario amoroso y, con ella, el color, la forma, la mirada,..., fueron adquiriendo la extraordinaria importancia que nunca debió de perderse. Sin embargo, aún hoy, el juego amoroso puede ser mudo

por otra im posición: el silencio. Por culpa de él se nos niega —nos negamos—la voz, el sonido, la palabra, la explicitación,... En fin, las muchas posibili dades que nos ofrece el Verbo. Si para la mayor parte de los hombres los estímulos visuales son los más potentes generadores de deseo y excitación, los estímulos audi tivos suelen desempeñar un importante papel como fuentes de deseo y de excitación femeninas. Así: la voz, los tonos, los timbres y las caden cias verbales,..., despiertan en la imaginación y en la libido femenina ecos infalibles. Así que los contenidos eróticos —explícitos o implícitos— de las palabras, las sugerencias, los susurros y las caricias verbales, sean con demasiada frecuencia un anhelo femenino perennemente

insatisfe cho. En pareja, dialogar sobre sexualidad, compartir las fantasías a tra vés de la palabra, recitar poesías o narraciones eróticas, cantar cancio nes de amor en el lecho amoroso,...; en fin, todo lo que signifique seducir a través del verbo suele mejorar la comunicación, el conoci miento, la complicidad, la satisfacción,... Así mismo, exhalar o gemir sin pudor, emitir gruñidos, grititos o aullidos, permitir que suenen expre siones entrecortadas o desafiantes, etc., son recursos –estimulaciones au ditivascon gran potencial erótico. Aunque no se reconozcan estos reconocimientos, ni se hable de tales hablares. Sin embargo, con frecuencia, el pudor, el temor injustificado a lo que el otro pueda pensar, la autocensura (el otro puede estar deseando lo mismo y prohibírselo

también a sí mismo), la vergüenza a ofrecer este tipo de estimulaciones o a solicitarlas, la pereza de introducir situacio nes novedosas en el juego amoroso, o la presunción de que estas cues tiones son groseras, pornógrafas o inadecuadas, dificultan enormemente que el amor tenga palabras y sonidos. Con tanto obstáculo, el encuen tro amoroso pierde oportunidades sonoras y orales. Acaba siendo un espectáculo sin sonido. Un juego sordo y mudo. Buceando en la intimidad de muchas parejas he descubierto for mulaciones eróticas verbales originales y divertidas que me voy a per mitir ejemplificar. Hay parejas que declaman sus anhelos sexuales; por ejemplo: "estás a punto de descubrir al Cromañón encendido de pasión que coge con firmeza a su hembra

y la arrastra hasta el interior lujurioso de su cueva". Otras, transmiten en directo sus propias jugadas sexuales : 89 "mi mano avanza por tu flanco derecho acercándose al área rival donde, completamente solo, espera el cancerbero enhiesto". Otras, pre fieren verbalizar sus sentimientos y sensaciones amorosas ("llevo deseándote todo el día", "me derrito por dentro cuando me abrazas de este modo" o simplemente "te quiero"). Las hay que solicitan abierta mente lo que se desean con todo detalle ("penétrame lentamente suje tándote sobre tus fuertes brazos") o que dirigen o modifican las acciones del otro ("más despacio mi amor", "no te tapes la boca", "amásame las nalgas", "muérdeme más fuerte", "dime cuánto te gusta que te pene tre"). Otras

se susurran divertidas, e incluso pornógrafas, obscenidades al oído ("prepárame un zumo de ti", "me gusta sentir tu verga dura dentro de mí", "trátame como a una puta", "retuércete, guarrilla") o se acarician verbalmente con palabras dulces o tiernas ("estás tan bonita cuando me lames", "sentir tu gozo incrementa mi amor", "te perdono todo cuando me tocas así"). Otras han inventado su propio lenguaje ín timo para nominar sus prácticas eróticas ("ahora dame chupete", "ponte el casco de espeleólogo", "ahora un ‘oh-la-la ́' a dos voces", "cántame un blues a capela") o han bautizado sus cuerpos con palabras propias que solo ellos entienden ("riégame con besos húmedos el nenúfar", "juega un poco con mi hermanito pequeño") o han creado una

especie de lenguaje psicótico peculiar que estimula la imaginación del otro ("re fórcate la carordia", "que ́ bien me carcinas entre tus entrearpios"). Y a veces, el sonido ni siquiera tiene fonética, ni gramática, ni melodía: sólo percusión, voces primitivas, significados atávicos y arcaicos arcanos. En sus múltiples modalidades el erotismo verbal puede resultar una experiencia excitante, divertida, didáctica, cómplice, placentera; in cluso trascendente o mística. Un modo de sincerarse o una estrategia para entenderse uno mismo o para entender al otro. La práctica del sexo verbal es probablemente una de las posibilidades eróticas más íntimas, más complejas y complicadas, más emocionantes y más intensas que puedan compartirse entre dos personas. Además, para quienes nos acusan de fornicar como animales,

conviene recordarles que este modo de proceder sí es exclusivamente humano. El resto de animales no tienen nuestros verbos, ni nuestros sus / EL GOZO dEL VERBO tantivos, adverbios y adjetivos. Los cuales, si bien usados, convierten lo grosero en excelso, lo simple en complejo, lo sencillo en espectacular. CORTOS Acortando distancias. Con alguna frecuencia los amantes se ven separados por la distancia, lo cual no les impide el gozo del encuentro amoroso. Contrariando la distancia, y a través de la palabra –escrita o habladaestablecen su propia cercanía. El teléfono, el mensaje corto, el WhatsApp o el chat se han convertido así en recursos eróticos habitua les; sobre todo, para la gente joven. Incluso, han emergido también en nuevas formas

del comercio carnal. No necesariamente el silencio es un valor. Con frecuencia vi vimos el silencio como un valor erótico. Puede serlo o no. Porque tam bién es un valor erótico el sonido y la palabra, el significado y la connotación. El silencio sirve en teoría para concentrarnos o para que no nos oigan; pero en la práctica también puede servir para que nos distraigamos o para que no nos oigamos. Sin embargo, escucharse es una necesidad humana muy evidente. Sobre todo, escucharse íntima mente. Amor y cine. Como los principios del cine, la erótica de muchas parejas es rápida, muda y en blanco y negro. A lo largo del siglo XX el cine se ha naturalizado y la erótica

íntima también. Sin embargo en muchas sábanas se proyectan aún aquellas imágenes rápidas, mudas y oscuras. Muchas parejas han encendido la luz y recuperado el color y las formas; también han introducido un ritmo más pausado y humano. Les falta sólo el sonido. Porque el amor no tiene por qué ser mudo. Este capítulo, "El Gozo Del Verbo", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como amor, amoroso, verbo, palabras, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta

por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de amor y amoroso, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones.

No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "El Gozo Del Verbo", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como amor, amoroso, verbo, palabras, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada.