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Capítulo 13: Emisión Y Cierre

Texto breve para la divulgación de los sexos · Adaptación editorial para blog
Imagen ilustrativa del capítulo 13

67 13. EMISION Y CIERRE Durante milenios, los varones han sido el centro de todo y su modo de mirar se ha convertido en la única forma de ver. Durante todo ese tiempo, las mujeres estaban en la vida pero no estaban en el pensa miento; así pues, ni fueron sujetos pensantes ni fueron objetos pensa dos . El androcentrismo ha propiciado que lo que era solamente «una perspectiva» (la masculina) quedó convertida en «la perspectiva hu mana». Detectado el error, conviene corregirlo; por ejemplo, cambiando la perspectiva y aceptando que no hay sólo una forma de mirar. Esto mismo ha pasado en los territorios de Eros: que lo que llamamos sexualidad es la visión masculina de la sexualidad; por

lo tanto, centrada en la meta y no el viaje; centrada en los logros y no en los procesos, los contextos, las relaciones o las interacciones. Los grandes logros sexuales masculinos han sido tres: esposas, hijos y coitos. Respecto de los coitos había que lograr la suficiente erec ción y la adecuada eyaculación (por supuesto, dentro de la vagina). Fi nalmente, la eyaculación quedó convertida en el fin del encuentro amoroso . Ahora bien, fin por dos veces: fin en tanto que finalidad (lo que se pretende) y fin en tanto que finalizacio ́n (lo que da por termi nado). La moral sexual tradicional, enfatizando la generación como jus tificación exclusiva de todo encuentro erótico, propugnó la prescriptiva emisión espermática

del varón; por supuesto, en lo más íntimo del in terior femenino. Así pues, cualquier otro lugar era expresamente prohi bido. De este modo, todo lo que no era generador era degenerado . Así se generó la multisecular « tiranía 2D »: "que esté Dura y que sea Den tro". Frente a aquel tradicionalismo religioso, al otro lado de la trin chera moral, durante todo el siglo XX se fueron ubicando los defenso res de la revolución sexual. Estos subrayaron el placer y negaron la generación (de hecho, contra ella, inventaron la anticoncepción). Ahora bien, placeres hay muchos y diversos pero esta moral laica y progre sólo se interesó por uno: el orgasmo. T anto se enfatizó que lo que

sólo era un hecho se convirtió en un derecho; incluso en un deber. A partir de algún momento del siglo XX la fuente de explicación (y de legitimación) del encuentro erótico dejó de ser aquellos hijos para empezar a ser estos orgasmos ; de este modo, llegados a la actualidad, ya no se trata de generar hijos sino de alcanzar orgasmos. Paradójica mente, por esta otra vía, también se propugna, del mismo modo que siempre, la misma eyaculación androcentrada de siempre; excepto que ahora esta eyaculación ya no es seminal ni es generación porque ahora es: orgasmo, placer y desahogo; incluso, ya puestos, gimnasia, bienestar y salud. Ahora bien, los nuevos tiempos reclaman un orgasmo femenino que se formula como

un derecho ; lo cual, indirectamente, propicia un nuevo deber : la obligación masculina de producir este reclamado or gasmo femenino. Con estos mimbres ha emergido una nueva proble matización sexual que nunca había existido antes. Y a no se trata de si la eyaculación es, o no es, fértil o fecunda; sino si es, o no es, precoz . De este modo, el nuevo desafío de los hombres ya no es si son fértiles y ca paces de inseminar sino si son aguantadores y capaces de lograr el or gasmo de ella. Básicamente, posponiendo el suyo y siguiendo aquel antiguo lema: "las damas primero". Ahora bien, mutatis mutandis , todo sigue girando alrededor de lo mismo: hay que eyacular

y hay que hacerlo de un determinado modo. En esta prescripción eyaculatoria, aunque por diferentes caminos, coin ciden la tradición agustiniana que tanto gusta a los tradicionalistas con 69 la revolución reichiana que tanto gusta a los reformistas . Así, la eyacu lación masculina es requisito indispensable que prescribe el Catecismo Católico pero es también finalidad que prescribe la industria pornográ fica. Los primeros, siguen obsesionados con que sea dentro y los segun dos se han obsesionado con que sea fuera . Pero ambos coinciden en que la eyaculación es finalidad y es finalización. Ahora bien, aunque lo digan al unísono la Iglesia, la Progesía y el Mercado, no tiene por qué ser de esa manera. T odo esto ha

sido causa de nuevas dificultades y nuevas proble matizaciones entre los amantes. En tanto que el eyaculado es finalidad , ambos –también la mujerse sienten frustrados cuando no ocurre. Pero como el eyaculado es también finalización , ambos –también el hombrese sienten frustrados cuando ocurre inadecuadamente (por ejemplo, de masiado pronto o demasiado tarde). Este asunto, la incursión del dios Cronos en los territorios del dios Eros , ha generado nuevos malestares y frustraciones que giran en torno a determinadas expectativas que no se cumplen y a determinados ritmos que no se armonizan. En fin, que con motivo de tales eyaculaciones cro nometradas, crece la insatisfacción erótica. Y , lo peor de todo, se ha ins talado entre nosotros una

nueva dictadura: la " Tiranía 3D "; o sea, la obligación de que: «Dure Dura Dentro». Con mucha frecuencia, las mujeres manifiestan quejas del si guiente tipo: "es un egoísta que va a lo suyo", "como va a lo que va, se va muy rápido" o "parece que corre para correr(se)". Contrariamente, los hombres suelen quejarse así: "es que necesita un montón de tiempo y yo no aguanto tanto", "¿por qué su placer depende de que me dure dura?", "me paso la vida tratando de controlar lo que tiende a descon trolarse y lo hago sólo por ella; sin embargo, ella nunca se queda con forme con lo que hago por ella". El asunto no es muy sencillo de resolver

porque el tempus erótico / EMISIÓN Y CIERRE de hombres y mujeres es muy distinto. Los hombres tienen una excita ción muy explosiva porque su motor excitatorio se acelera con mucho reprís . Por el contrario, las mujeres tienen una excitación con un reprís mucho menor; así pues, necesitan más tiempo y más estímulo para al canzar los niveles de excitación suficientes para desencadenar el or gasmo. Por esta razón los buenos amantes han de construir una erótica de pareja que armonice ritmos, deseos y particularidades de ambos amantes. Esto no quiere decir los dos juntos ni los dos igual ni los dos a la vez. Muchas veces lo más eficaz es: "como cada quien es distinto, cada cual a

su manera". La eyaculación es el resultado de un reflejo involuntario; por lo tanto, en rigor, no puede controlarse voluntariamente. Alcanzado un determinado umbral excitatorio se produce un automatismo que es irre frenable. Lo único que un hombre sí puede regular conforme a su vo luntad es el tipo y la intensidad del estímulo que está recibiendo. Así, puede aumentarlo, disminuirlo o cambiarlo en virtud de su nivel de ex citación. De esta manera, si está muy excitado o muy cerca del umbral en el que se va a producir el disparo orgásmico, tiene menos margen de maniobra. En cualquier caso, el buen amante tiene recursos y ardides eróticos suficientes y eficaces que le permiten manejarse en relación al nivel

de excitación que tiene; por lo tanto, en relación al nivel de exci tación en el que va a producirse la eyaculación. La eyaculación es un fenómeno masculino; por ello, son ellos, los varones, los encargados de gestionarla. Por cierto, hablando de ges tionar, no siempre se trata de hacer un ejercicio de control , frenado o posposición ; puede ser una habilidad para apresurarse, para acelerar, para incrementar la excitación o para descontrolar. Ahora bien, es mejor si esta gestión es el resultado del gobierno soberano de uno mismo; por lo tanto, es mejor si se hace conforme a la propia voluntad. Cuando la propia acción está sometida a la voluntad ajena queda convertida en co lonización o en

tiranía. Y , salvo que se eroticen esta colonización y esta tiranía (las personas masoquistas pueden lograrlo) no suelen ser fuentes de gozo o bienestar. 71 Son muchos los varones que se sienten del todo incapaces de cualquier control voluntario de los niveles de su excitación que provo can su eyaculado. Actualmente se denomina a esta dificultad (suele lla marse disfunción ) como "eyaculación precoz". El mayor problema no es el tiempo (es igual si mucho o si poco); sino, la falta de control y la in satisfacción resultante. De él, de ella y, casi siempre, de ambos. Actual mente, la clínica sexológica ofrece una terapéutica breve y eficaz que resuelve este tipo de dificultades. Es cierto que los hombres,

tras el eyaculado, pierden totalmente la erección. T ambién es cierto que, con la pérdida de erección, se les va el deseo y la excitación (desde luego, ese deseo y esa excitación). Es cierto que les sobreviene el periodo refractario y que ya no aceptan es timulación genital alguna, que se adormecen o que sus intereses se diri gen a otras motivaciones. Pero en ningún caso se esfuma la educación, la habilidad amatoria, la cortesía o la empatía. Es verdad que, quien hace unos minutos parecía león, se ha tornado gatito; y que ya no es lo mismo. Pero el gatito también tiene habilidades de amante. Por lo tanto, el gatito que tiene recursos de buen amante deja para los

bises lo mejor de su repertorio. Muchas parejas han aprendido habilidades y recursos amatorios que les permiten gozar, a ambos, con cierta independencia del momento de la eyaculación (pronto o tardío). Esto es, pueden gozar y, de hecho, gozan: antes, en medio o después de la eyaculación. Pueden lograrlo porque, incluso tras la pérdida de la erección posteyaculatoria, es posi ble continuar con el juego erótico y obtener gratificación de él. Re cuerde: "no importa si está preparado el juguete pues si sigue jugoso el juego, sigue juguetón el jugador". Al fin y al cabo, no es un asunto de «duración de él» sino de «satisfacción de ambos». ¡Ah!, que no se me ol vide decirlo: no es lo mismo

satisfacción que orgasmo . El orgasmo puede ser muy satisfactorio pero su ausencia no tiene por qué ser insa tisfactoria. / EMISIÓN Y CIERRE CORTOS Diseminadores compulsivos de esperma . La eyaculación es una potestad que tienen los machos del mundo animal en los que la fe cundación es interna. Gracias a ella el macho introduce en el interior de la hembra el semen que es un líquido rico en nutrientes donde se en cuentran los gametos masculinos (espermatozoides). En el interior de esta semilla masculina se encuentra la mitad del material gene ́tico de una determinada especie. En algunas especies, sobre todo peces, las hembras también diseminan sus gametos femeninos (freza) siendo que, en este caso, la fecundación es

externa y acuática. Desde un punto de vista evolutivo, la fecundación interna, los gametos anisogámicos y la cópula son inventos sexuales más avanzados. En las especies con eya culación masculina, los machos se han caracterizado por ser "disemina dores compulsivos de esperma"; por el contrario, las hembras se han caracterizado por ser "seleccionadoras obsesivas de esperma". Esa, que es parte de nuestra historia antigua, no determina cada una de nuestras conductas particulares pero si explica bastante de nuestras tendencias conductuales. Correr para correrse. Casi todos los hombres conocen la ex periencia eyaculatoria a través de la masturbación púber y adolescente.