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Capítulo 11: Historias Anticonceptivas

Texto breve para la divulgación de los sexos · Adaptación editorial para blog
Imagen ilustrativa del capítulo 11

59 11. HISTORIAS ANTICONCEPTIVAS El descubrimiento y utilización de métodos anticonceptivos no es, como suele pensarse, una característica del siglo XX. En este siglo no se han "inventado", tan solo se han "mejorado" y -eso síse ha demo cratizado su conocimiento y su uso. Durante siglos, las prácticas y re medios anticonceptivos fueron celosamente guardados en ámbitos muy restringidos. Hace cuatro mil años, las mujeres egipcias de la alta nobleza usa ban una pócima compuesta de excremento de cocodrilo, mucílago fer mentado, miel y natrón que se introducían en la vagina antes del coito. Podríamos decir que éstas fueron las primeras "cremas espermicidas" de la Historia. El T almud – que es el Libro Sagrado de los judíos y tiene

tres mi lenios de antigüedaddescribe un tampón de lana o algodón que se co locaba alrededor del cuello del útero de forma similar al utensilio de caucho que actualmente conocemos como "diafragma". Siguiendo con los libros sagrados, el Antiguo T estamento recoge -condenándolauna única práctica anticonceptiva: el coito interrum pido. Así, en el capítulo 39 del Génesis se describe cómo Onán evitaba embarazar a su cuñada "derramando su semen en la tierra". En la Edad Media, además de los conocidos pesarios, tallos y un güentos abortivos que tan profusamente la Iglesia persiguió, se usaron espermicidas que se obtenían mediante una mezcla de sal gema y salu bre. Muchísimo antes de que el higienista inglés del siglo XVII les pres tase

su apellido (Condom), los primeros preservativos de los que tene mos constancia fueron egipcios y estaban hechos con vejiga de cordero. Después, romanos y bizantinos los fabricaron con intestinos de cerdo y cabra. En la actualidad son de látex o incluso de algún polímero sinté tico pero la idea de enfundar el pene enhiesto antes de su introducción no es en absoluto nueva. En los tiempos de Cristo, las prostitutas romanas que se exhibían en los fornix de los grandes anfiteatros (de ahí la expresión fornicar que originalmente quería decir: ir de putas) se hacían duchas vaginales con vinagre diluido con agua, antes y después de atender a sus clientes. De este modo, modificando el pH vaginal, mataban los espermatozoides

y dificultaban su motilidad, impidiendo de este modo la concepción. Hipócrates, en el siglo IV antes de Cristo, describió la técnica me diante la cual se podía introducir a través de un tubo de plomo peque ños objetos en el interior del útero. De hecho, podríamos atribuirle a este médico griego la paternidad del DIU si no fuera porque, mucho antes que él, también lo usaron los médicos egipcios. De hecho, se han descubierto trozos de marfil o de hueso en el interior de la cavidad ute rina de algunas momias del Alto Egipto. Resulta curioso comprobar que el único anticonceptivo "mo derno" –pensado y fabricado en el siglo XXno es sino una vulgar copia del más antiguo de ellos:

el que la propia Naturaleza invento ́. Hace bas tantes décadas los científicos estaban buscando un anticonceptivo que fuera absolutamente "natural". El único momento natural en el que una mujer no puede quedar embarazada es, precisamente, cuando ya esta ́ embarazada. Y ello, porque el cerebro envía órdenes al ovario para que éste deje de ovular mientras dure este estado. Siguiendo esta misma lógica, se invento ́ un producto hormonal que engañaba al cerebro haciéndole creer que había un embarazo. Así, de este modo, nacieron los anovulatorios que, con el correr del tiempo y la semántica, se hicieron muy populares con un pseudónimo: "la píl dora". Y , paradojas del destino, actualmente suelen ser considerados como el método menos natural

de todos los métodos anticonceptivos. Siguiendo esta misma lógica anovulatoria en los últimos años se han ido incorporando otros preparados hormonales (inyectables, par ches epidérmicos, ampollas subdérmicas, anillos intravaginales, etc.) que sirven al mismo fin: paralizar la actividad ovulatoria de los ovarios. Y si no hay óvulo, no hay concepción posible. CORTOS Achicharrante. Los guerreros sioux permanecían desnudos du rante horas tumbados al sol sobre una roca plana o poniéndose en cu clillas ante el fuego. Mediante esta achicharrante estratagema conseguían aumentar la temperatura de sus testículos impidiendo o dificultando la espermatogénesis (fabricación de espermatozoides) que requiere una temperatura de 35ºC. Por esa razón, los testículos están situados fuera del cuerpo: porque trabajan a una temperatura más baja. El DIU

de las camellas . Los tuaregs africanos mantienen aún la costumbre milenaria de introducir pequeños cantos redondeados en el útero de sus camellas a fin de evitar su gestación en las largas travesías por el desierto. Es triste tener que repetirlo . Si invirtiésemos la mitad de la energía que consumimos debatiendo sobre el aborto en mejorar la efi cacia contraceptiva, dejaríamos de tener una fuente permanente de con flicto social y nos ahorraríamos un filón de tragedias. El genial médico / HISTORIAS ANTICONCEPTIVAS Sorano de Efeso ya dijo esto mismo. Es triste tener que repetirlo, como si fuese novedad, dos mil doscientos años después de su muerte. Antiguos condones . Al parecer el rey Minos de Creta (1.200 A.C.)

utilizaba pulmones de pescado. Después, los griegos usaron intes tinos de cabra y los romanos tripas o vejigas de diversos animales. Los chinos utilizaron papel de arroz aceitado. Fallopio (s XVI) recomendaba unos de lino que se hacían a medida. En el siglo XVIII, se extendió su uso con intestinos de cordero. A finales del s XIX, se empezaron a fabricar de goma vulcanizada. En el siglo XX, se invento ́ el condón desechable que hoy es de látex o poliuretano. Hay quien afirma que una pintura ru pestre francesa de hace 12.000 a 15.000 años representa un condón. No hay la menor duda de que los condones son un invento muy anti guo, pero no tanto. Medicina egipcia .

El papiro de Kahun (o de Petri) nos transmite conocimiento médico del antiguo Egipto (año 1850 A.C.). En él se men cionan tampones vaginales fabricados con: estiércol de cocodrilo, lino y hojas comprimidas (una variante, con estiércol de elefante, se utili zaba en la India y África hasta el siglo XI). En este mismo papiro tam bién se hablaba de ungüentos hechos de: miel, carbonato sódico natural, agua, vinagre, limón, aceites y soluciones jabonosas. El papiro de Ebers (1500 AC) hace referencia a un tapón de hilaza y dice: "tómese brotes de acacia, tritúrese con miel e introdúzcase en la vulva un lienzo empa pado en la maceración". Las actuales esponjas espermicidas tienen otra química, pero la misma mecánica. Consejos

desaconsejables . En el siglo XVI, el médico Gabriele Fallopio recomendaba cremas espermicidas a base de una infusión de hierbas astringentes; y, en el s XVIII, Giacomo Casanova aconsejaba el uso de cáscara de un limón como barrera a la entrada del útero. Es cierta la eficacia espermicida del ácido pero es agresivo para la flora vaginal. Así pues, desaconsejo el consejo. Este capítulo, "Historias Anticonceptivas", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como siglo, antes, hace, años, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza

la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de siglo y antes, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído

hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "Historias Anticonceptivas", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como siglo, antes, hace, años, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de siglo y antes, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos,

límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales.