55 10. EL INTERRUPTOR ERÓTICO Nuestro tiempo esta ́ recuperando la importancia de la expresión corporal de los sentimientos y la comunicación íntima a través de la piel; mejor aún, del encuentro entre las pieles desnudas. Ello nos está permitiendo, más que nunca, vivir y expresar nuestra erótica en armo nía con nuestras necesidades más profundas. No se trata ya de genera ción sino de encuentro erótico y no se trata de alcanzar la meta sino de disfrutar del viaje. Durante siglos nos han impuesto una sexualidad exclusivamente reproductiva y genital. Por ello, aún hoy, circunscribimos nuestra ama toria a la única conducta reproductora: el coito. Intelectualmente hemos recuperado el placer y la comunicación como elementos eróticos sus tanciales; sin
embargo, conductualmente seguimos comportándonos como si fuésemos exclusivamente agentes reproductores. Hasta el punto que paradójicamente usamos técnicas contraceptivas para seguir con duciéndonos conceptivamente. Ahora bien, la mujer ya no es, ni esta ́ dispuesta a serlo más, re ceptáculo pasivo del semen masculino. Aunque seguimos siendo -unas y otrossexualmente penetrativos estamos recuperando la piel, el juego y la fantasía, cultivando la ternura y la comunicación a través del cuerpo con todas sus posibilidades y con todos sus recovecos. T odo ello esta ́ sirviendo para que las relaciones coitales dejen de ser exclusivamente masculinas y ejecutivas. Ya no sirve aquel viejo esquema en el que él era el sujeto que hacía y ella era el sujeto que era hecho. Los
hombres ya no son «lanza que penetra» ni las mujeres son «recipiente receptivo» Las interacciones epidérmicas no coitales (estimulaciones diversas a lo largo y ancho de toda la piel y todas las mucosas, paseos sin rumbo a través del cuerpo del otro, entrecruzamientos corporales, etc.) suelen servirnos -casi exclusivamentecomo preparativos necesarios para el coito. Hasta el punto de que, en la mayoría de las parejas, estos juegos son las señales inequívocas que indican la presencia inmediata del coito. No son juegos sino preliminares. No son viaje sino preparativo. Pero no es esto lo peor. Lo peor de todo es que, una vez iniciados, obligan a ser terminados. Como si lo uno llevase inexcusablemente a lo otro. Estos juegos suelen ser
vividos como introducción a lo "verdade ramente importante": la penetración. Y ello contribuye a que se pro duzca un efecto paradójico y muy frustrante que podría explicarse del siguiente modo: me niego a lo primero (aunque me guste y pueda estar deseándolo) cuando no quiero lo segundo (porque no me apetece, por que me gusta menos, porque estoy cansada, porque hay poco tiempo,...). O dicho de otra forma, para no tener que ir donde no quiero ir, me quedo sin ir donde sí quiero ir. Llamamos a este fenómeno "interruptor erótico". El interruptor es una regla no hablada que regula el comportamiento erótico de muchas parejas y según la cual se sobreentiende que existen sólo dos posiciones: encendido y apagado.
Cuando el interruptor esta ́ encendido se realiza toda la secuencia de conductas eróticas propias y características de la pareja. Por el contrario, cuando esta ́ apagado, no puede realizarse nin guna de ellas. Así, cuando una pareja esta ́ sometida a la tiranía del in terruptor cada uno de sus miembros esta ́ obligado al todo o nada (independientemente de lo que este ́ deseando). A su vez, cualquier tras gresión a esta regla puede provocar descalificaciones ("preparar el horno para no hacer el pan", "calentarme y dejarme tirado", "para no acabar, mejor no empezar", etc.). Las parejas reguladas por el "interruptor" suelen tender a creer que siempre los dos han de ir al mismo lugar, por los mismos
caminos y buscando las mismas cosas. Por lo tanto: o se va, o no se va. Sin em 57 bargo, en pareja, con mucha frecuencia, cada uno de los dos quiere a ir a un lugar distinto, por diferentes caminos a buscar diferentes cosas. Afortunadamente la comunicación erótica no es una comunica ción binaria (de cero y uno, de todo o nada) sino que es una comuni cación donde existe un continuo de posibilidades que permiten un poco más o un poco menos, que permiten un poco más a la derecha o a la izquierda, un poco más arriba y abajo, un poco más adelante y atrás,... Esto hace posible que todos los registros eróticos que son más que nada
pero menos que todo, son legítimos, gratificantes, divertidos, estimu lantes, sinérgicos y amorosos. Cada pareja ha de encontrar cuáles son sus recursos intermedios entre el encendido y el apagado y cuándo y cómo los poner en marcha. CORTOS Malos rollos . La desensibilización corporal, la privación senso rial, la insatisfacción, la apatía, la mecanización, la rutina, las luchas de poder intraeróticas, la exigencia de ejecución, la incapacidad de aban dono, el uso depredador del cuerpo del otro, etc. suelen ser enemigos contra los cuales la pareja, ambos juntos, deben de pelear. Si no se pelea, se sucumbe. Y , si pierdes, sufres. Comunicación corporal . A través del cuerpo comunicamos cosas. En pareja a menudo descuidamos esta comunicación intercorpo ral
que fluye a través de: roces corporales y coreografías cotidianas; dan zas y paseos tomados del brazo, la mano o la cintura; atrevimientos furtivos, pellizcos, mordiscos o chupetones robados; provocaciones, complicidades o guiños; manos cuidadosamente descuidadas en el / EL INTERRuPTOR ERÓTICO cuerpo del otro, miradas que dicen lo que callan; gestos, tonos o pala bras privados, besos, caricias o abrazos; detalles de cuidado, limpieza, protección o aviso al otro, etc. Palabras que no pueden escucharse desde fuera . En el se creto de la alcoba las parejas que no están reguladas por el interruptor pueden decirse: "Frótate contra mí, pero sin metérmela", "Como cuando empezamos: prohibido de cintura para abajo", "Dame besos y estimú lame los pezones mientras me
masturbo", "T e doy un masaje si luego me lames", "Hazme una pajita, que hoy estoy muy vaga", "T e presto mi vagina pero acaba pronto y no me pidas nada más", "Hoy lavas a mano que tengo mucho sueño", "T endrá que ser con la lengua porque no tengo el pito para mucho trajín", "Hoy como cuando éramos novios y respe tábamos tu virginidad", "Unos besos y nos dormimos", "T e hago lo que quieras si tienes las manos quietas", "Uno rapidito y sin mucho entrete nimiento que tengo prisa". Dónde están las llaves . Si el espacio ancestral simbólico de los sentimientos es el corazón, el lugar –simbólico y realde las sensaciones es la piel. T oda ella
y cada centímetro cuadrado de su vasta extensión. Este capítulo, "Interruptor Erótico", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como interruptor, comunicación, poco, pareja, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de interruptor y comunicación, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos
complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "Interruptor Erótico", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como interruptor, comunicación, poco, pareja, no como etiquetas cerradas,
sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de interruptor y comunicación, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni
a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "Interruptor Erótico", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como interruptor, comunicación, poco, pareja, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada.
