51 9. EL PLACER DE LA INOCENCIA La sexualidad no es una condición exclusiva de los adultos. Es una dimensión que nace y muere con nosotros, evolucionando a lo largo de todo nuestro ciclo vital. Asociar sexualidad con reproducción trajo consigo el constreñimiento de la sexualidad humana a su etapa fér til, obviando la existencia de la sexualidad infantil o la sexualidad senil. Desde los primeros meses de vida los bebés se excitan al ser ama mantados, bañados, cambiados, acicalados, acariciados, etc. Esta exci tación se manifiesta, al igual que en los adultos, con una erección del pene, una erección clitórica o una lubricación vaginal. Son muchos y muy diversos los modos a través de los cuales los niños y
niñas experimentan su sexualidad: autoestimulaciones corpora les con el fin de propiciarse placer (chuparse, rascarse, mordisquear, mas turbarse, etc.), juegos de autoexploración corporal, juegos de exploración de los otros cuerpos (jugar a médicos, jugar a desnudarse, etc.), juegos de adquisición de roles sexuales (jugar a casarse, a papás y a mamás), investigaciones para la adquisición de la identidad sexual (mirar o tocar los genitales de los adultos, comparar entre sí los genita les, preguntar sobre ello), etc. Los padres suelen, cada vez más, aceptar el hecho de que sus hijos son sexuales. Sin embargo, a menudo no asumen los modos a través de los cuales sus hijos se manifiestan sexualmente. Con frecuencia escucho: "ya se ́ que es normal que
lo haga, pero no quiero que se esté tocando". Es importante saber que negar la sexualidad infantil, no la suprime; solo la reprime. Por el contrario, tratando de evitar los temidos traumas in fantiles, muchos padres tienen como única estrategia educativa el "dejar hacer". Afortunadamente, el papel de los padres no se restringe a la falaz elección entre reprimir o dejar hacer. Más bien su función, en estos pri meros años de vida, debería ser: acompañar y favorecer el adecuado desarrollo sexual de sus hijos. Con dos herramientas fundamentales: amor (o sea: respeto, aceptación, caricia, ternura, diversión, gozo,...) y autoridad (o sea: límites, correcciones, contenciones, sanciones,...). En el primer año de vida el bebé experimenta con su cuerpo, se toca
y lo siente. En esta etapa es muy positivo que los padres fomenten el contacto piel a piel, la ternura, las atenciones íntimas y la comunica ción corporal con sus hijos. Conforme vayan creciendo, los pequeños irán adquiriendo su propia identidad sexual (se sabrán niño o niña y se reconocerán como tales), así como los roles adjudicados a su sexo (que no son necesaria mente los del sexo que los otros dicen que son y no son tampoco unos roles que sólo se aceptan sino que también se transgreden; en cualquier caso, en positivo o en negativo, son referencias). Durante un tiempo los niños estarán centrados en torno a este asunto de los papeles y las fun ciones propias de
su sexo (¿de mayor seguiré siendo niño?, ¿tendré hiji tos?, "de mayor seré un papa ́ con un camión así grande", etc.). Los padres deben colaborar y propiciar esta adecuación sexual. En ocasiones no lo hacen (incluso lo obstaculizan o lo impiden) porque no corres ponden a sus expectativas, sus creencias o sus valores. Esta tensión nunca tiene un buen pronóstico porque los niños no son barro moldeable ni cuadernos en blanco. Al contrario, son como son y parte del trabajo de ser padre es aceptarles y quererles como son (que no es como nos gus taría que fuesen). A través de este ser queridos y aceptados se va esta bleciendo una vinculación afectiva que es el canal central de
su crecimiento, su seguridad y su madurez (sobre todo emocional y afec tiva). T ambién es importante satisfacer la curiosidad sexual de los niños. Es normal que haga determinadas preguntas: ¿cómo vienen los niños?, ¿cómo salen de la barriga?, ¿cómo entran?, ¿tendré el pito como el tuyo?, ¿me saldrán pelos o tetas?, ¿qué hay que hacer para tener novio?, etc. No hay que preocuparse porque las respuestas no sean técnicamente perfectas: importa más la honestidad que la exactitud y vale más la con fianza que la precisión. Finalmente, han de favorecerse las condiciones para que ellos mismos descubran su propia sensualidad (básicamente, autodescubri mento de sensaciones gratificantes y placenteras; primero, consigo mis mos y, andando el tiempo, y las oportunidades,
con los iguales). Para ello hay que aceptar, incluso promover, la intimidad infantil; luego, la posibilidad de que no siempre estén sometidos a la estricta y vigilante presencia de los adultos. Los niños, si se les deja en paz, juegan a jue gos manifiestamente sexuales que no les causan daño de ningún tipo. Sobre todo, si los adultos no producen ninguna intrusión tóxica (por ejemplo abuso sexual o cruzada anti-abuso sexual). Al contrario, los juegos sexuales infantiles, personales e interpersonales son fuente de cre cimiento y gratificación. Por supuesto, conforme el tiempo va pasando, se habrán de socializar sus conductas, puesto que no todo puede ha cerse en cualquier lugar ni en cualquier momento ni con cualquier per sona. Vivimos
en sociedad y es un juego complejo que tiene reglas. Algunas son estúpidas pero siguen siendo reglas. CORTOS No te cortes . Algunos padres temen tocar y mimar demasiado a sus hijos. Suponen que, si lo hacen, pueden provocar que sean débi les o dependientes. Sin embargo, las cosas son exactamente al revés. Los niños y niñas más acariciados, más tocados, más amados crecen más fuertes e independientes y establecen unas relaciones más armoniosas con las demás personas en su etapa adulta. / EL PLACER dE LA INOCENCIA La erótica del bebé comienza antes del nacimiento . Gracias a la ecografía es posible observar erecciones del pene muchas semanas antes de producirse el parto. Las erecciones clitóricas y lubricaciones va
ginales no pueden observarse antes del alumbramiento, pero sí pueden registrarse en las primeras semanas de vida. La mayor parte de los bebés aprenden modos de procu rarse placer durante el primer año de vida . Los bebés pueden, y suelen, producirse orgasmos a los pocos meses. Es más fácil que las niñas lo logren mediante frotamiento de sus muslos, por lo cual suelen ser más precoces. Los niños tardan algunos meses más. Preocúpese si usted está explicando poco pero no se preo cupe por explicar demasiado. T odo lo malo que le puede pasar a un niño al que se le explica "demasiado" es que no lo entienda todo. De hecho, en el resto de las demás áreas de
la vida tampoco lo entiende todo. Lo que los niños entienden perfectamente es que no entienden muchas cosas. Lo que no entienden es: no ser atendidos, entendidos o respondidos. Peor aún, con el tiempo comprenden determinadas acti tudes (silencio, prohibición y educastración) y, demasiado tarde, com prenden que ni fueron comprendidos ni aquello era comprensible. A través del lenguaje sexual vamos conformando la sexua lidad . Por ello, los padres de niñas deben de ser especialmente sensi bles a que sus genitales externos tengan nombres específicos. Especialmente, la vulva (vulvita, potolita,...), el clítoris (pepita) y el meato (agujerito del pipí) a menudo se quedan sin ser nombrados en la nebulosa del olvido y de la ignorancia. Si no hay nombre,
acaba por no haber realidad objetiva ni experiencia subjetiva. Recuerde . Cuando un niño no pregunta: no le falta curiosidad, sino confianza. Este capítulo, "El Placer De La Inocencia", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como niños, sexual, sexualidad, padres, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de niños y sexual, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos,
límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "El Placer De La Inocencia", puede leerse como una invitación
a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como niños, sexual, sexualidad, padres, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de niños y sexual, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos.
