29 4. INCITACIÓN A LA EXCITACIÓN La Sexología ha considerado la excitación como el momento de la respuesta sexual humana que sigue al deseo y precede al orgasmo. Se ha hecho de esta manera porque tradicionalmente se ha hablado de fases ; así que suele explicarse, en este orden: deseo, excitación y or gasmo. Es muy discutible que el deseo siempre preceda a la excitación; de hecho, puede no estar presente antes y sí puede aparecer mientras o después . Por otro lado, no hay razón alguna para separar el orgasmo de la excitación. En realidad, el orgasmo no es más que un momento con creto de la excitación: el último o el más alto. Se trata de un momento
que resulta especialmente gratificante y que ha sido especialmente miti ficado pero no tiene entidad psicofisiológica alguna. El orgasmo no existe fuera de la excitación; es sólo una parte de ella. Así pues, puede decirse que el orgasmo es una respuesta cerebral que se expresa como una sensación gozosa e intensa y se desencadena, involuntariamente, cuando se ha alcanzado un umbral de excitación suficiente. La excitación incrementa la receptividad sensorial y propicia al gunas condiciones fisiológicas y psicológicas; así: modifica la hemodi námica (por lo tanto, cambia hacia dónde se dirige la sangre: ), aumenta la vasocongestión epidérmica (la piel se llena de sangre), incrementa la propioceptividad y la sensorialidad (aumenta la percepción de las sen saciones internas y externas),
produce distorsiones perceptivas, incre menta la euforia y reduce el pudor,... De forma muy esquemática la excitación requiere que nuestro ce rebro, en respuesta a estímulos externos o internos, emita una serie de órdenes coherentes y ordenadas dirigidas a diferentes partes del cuerpo (sistema nervioso central y periférico, corazón, sistema vascular, aparato respiratorio, sistema muscular, sistema endocrino, epidermis, aparato ge nital, etc.). T odos estos sistemas de nuestro cuerpo han de "escuchar" y "obedecer" estas órdenes informando a su vez al cerebro de su cumpli miento. Los resultados más evidentes de la excitación -los que esperamos y a menudo nos autoexigimosse producen a nivel genital y son: la erec ción (firmeza y aumento de volumen del pene en los hombres
y del clí toris de las mujeres) y la lubricación (humedad intravaginal en las mujeres). Ambas respuestas genitales son similares y se producen de si milar modo. En ambas el cerebro ordena la afluencia masiva de sangre a la zona genital. Esta sangre llena el interior del pene produciendo tur gencia, aumento de tamaño y variación de la posición original. En las mujeres, esta misma sangre produce estos mismos efectos en el clítoris; además, se produce un aumento de la vascularización de los músculos que rodean la vagina y, mediante un proceso conocido como exuda ción, emerge la humedad de las paredes vaginales. Sin embargo, la erección y la lubricación no son los únicos cam bios genitales que la excitación
produce (además de otros muchos cam bios no genitales que también ocurren). Son, eso sí, a los que más importancia solemos conceder. De hecho, ninguna mujer suele preocu parse porque sus labios menores no se engrosen o porque sus labios ma yores no se alisen. Ningún hombre suele preocuparse porque su escroto no se alise o porque sus testículos no asciendan. Sin embargo, estas va riaciones genitales también son producto de la excitación; tanto como la lubricación o la erección. Es curioso que, incluso nuestra problemati zación genital, este ́ parcelada. A lo largo de la historia, hemos concedido importancia muy dis tinta a la erección masculina y a la lubricación femenina. Parece que la primera es condición sinequanon para
el coito y, la segunda, es posibi lidad circunstancial. Por ello, a menudo se inician relaciones coitales sin lubricación previa pero muy raramente se inician si no hay erección pre via. Por contra, suelen desencadenarse situaciones de decepción y an gustia cuando falta o se pierde la turgencia del pene; sin embargo, no genera tanto estrés la ausencia o pérdida de humedad vaginal. Por unas u otras razones, algunas muy habituales y comunes, no siempre nos excitamos. O incluso, excitándonos, no siempre logramos erección o lubricación. O, lográndolas, a menudo éstas pueden no ser constantes y están sujetas a variaciones o intermitencias durante el des arrollo del juego erótico. Más aún, inexorablemente, nuestra capacidad de erección y lubricación cambia con
el tiempo y, en general, decrece con la edad Existe la creencia errónea de que la excitación es un proceso con tinuado, siempre ascendente, que sólo sirve como tránsito necesario para alcanzar el orgasmo. Sin embargo, la excitación puede ser discon tinua, puede aumentar y decrecer en su intensidad y puede ser en sí misma gratificante, con independencia de que se alcance, o no, el or gasmo. A menudo cometemos un fatal error: pretendemos conseguir respuestas fisiológicas automáticas de excitación sin contar con la estrecha colaboración de nuestra mente. En este sentido el contexto emocional, el ambiente físico, las palabras y los tonos, las caricias, el ritmo, los olo res, el humor y las fantasías suelen ser excelentes aliados de
esta com plicidad necesaria entre el cuerpo y la mente. Así mismo, ningún estímulo suele ser más potente activador de la excitación que constatar la excitación de nuestro partenaire. Desgenitalizar el cuerpo, recuperar la piel y potenciar la fantasía son tres buenos trucos para cultivar y desarrollar nuestra perenne capa cidad de excitación. Y recuerde: la excitación está sobre los hombros y no entre las piernas. CORTOS La solución es el problema . Parecería lógico pensar que nos / INCITACION A LA EXCITACION preocupamos de la excitación porque su ausencia se ha convertido en un problema. Sin embargo, la realidad clínica demuestra que ocurre exac tamente lo contrario: suele convertirse en un problema, precisamente, porque nos preocupamos de su ausencia.
Consejos para estropearlo todo bien estropeado . Si eres hombre y deseas fracasar en el logro de una erección, o si eres mujer y te apetece no conseguir la lubricación, sigue fielmente las siguientes ins trucciones: a) imponte, fuérzate, ponte como obligación que has de lo grarlo (si tu pareja colabora, mejor); b) insiste en esta obligación de consecución (cuanto más insistas, mejor); c) sal de ti misma/o, abandona el juego y viaja fuera de tu cuerpo y de las sensaciones que experimen tas (tu pareja puede acompañarte, pídeselo); d) una vez fuera, dedícate a auto-observarte, analiza cómo y por que ́ no lo estás logrando (tu pa reja también puede observarse y observarte; incluso podéis competir en vuestras observaciones);
e) desde esta posición extra-corpórea, vuelve a la instrucción primera y reinicia el ciclo (quién mejor que tu pa reja para acompañarte en este recorrido circular). Consultar al sexólogo . Los problemas y dificultades relacionados con la excitación sexual son frecuentes en las consultas de los sexó logos. Las más frecuentes son: la ausencia o escasez de la turgencia pe neana (en menor medida, clitoriana), las pérdidas de erección en los varones y la ausencia, escasez o pérdidas de lubricación en las mujeres. Los problemas relacionados con la dureza del pene (conocidos como disfunción eréctil) suelen ser motivos de demanda por sí mismos. Los problemas relacionados con la firmeza del clítoris o la lubricación vagi nal suelen estar ocultos detrás
de otras demandas como pueden ser: falta de orgasmo o dolor en el coito. Este capítulo, "Incitación A La Excitación", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como excitación, lubricación, puede, erección, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de excitación y lubricación, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del
capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "Incitación A La Excitación", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza
términos como excitación, lubricación, puede, erección, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de excitación y lubricación, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos.
