3. MENOS TURBACIÓN La masturbación ha sido probablemente la práctica erótica más perseguida en la historia de Occidente. A ello han contribuido dos gran des errores históricos: uno teológico y otro médico. El teológico se ha producido por una mala interpretación de la Biblia. El médico por una mala interpretación de los datos de la realidad. El uno insistió en la idea de pecado y las consecuencias eternas. El otro, en la idea de enferme dad y las consecuencias físicas y mentales. Todavía en la actualidad puede escucharse la expresión «ona nismo» para referirse a la masturbación. No tenemos la menor idea de si Onán se masturbaba o no porque la Biblia no dice absolutamente nada al respecto. Lo que
sí refleja el Antiguo T estamento con toda cla ridad es que interrumpía el coito, derramando su semen sobre la tierra. Lo hacía así con el fin de no fecundar a la fértil viuda de su difunto her mano. Por lo tanto, contrariando la ley hebrea que le obligaba a darle hijos a ésta. Este episodio bíblico, una vez malinterpretado, ha servido como justificación moral que ha servido para la estigmatización de las prácticas autoeróticas y para asociar a Onán con el nefando pecado so litario . No entro aquí sobre el juicio moral vetustotestamentario, pero aclaro que lo que el Génesis dice que Onán practicaba era un coitus in terruptus con eyaculación extravaginal. Hizo pues justo y exactamente lo
que inexorablemente se repite hasta la saciedad en cualquier cinta pornográfica actual: que el semen se derrame visiblemente. Incluso lo mismo que hoy la Iglesia Católica acepta como legítimo método de pla nificación familiar. Se trata, en unos y otros casos de la misma conducta; exactamente igual aunque las motivaciones sean distintas. El segundo error fue cometido por la Medicina de principios del siglo XIX y aquí se lo atribuiremos a uno de sus más insignes represen tantes: el Dr. Tissot. Este médico francés especialista en enfermedades de los nervios (psiquiatra, diríamos hoy) trabajaba en el manicomio de 24 Lausana. Allí, cayo ́ en la cuenta de que la gran mayoría de sus internos, casi todos hombres, se masturbaba. Puesto
que presuponía que la po blación "normal" no lo hacía, concluyo ́ que el onanismo era la génesis de todos los males que él diariamente constataba; así: locura, alucina ciones, cegueras, melancolía, etc. El argumento tuvo tanto éxito que se extendió urbi et orbe hasta nuestros días. Si el Sr. Tissot hubiera conocido la frecuencia masturbatoria de la población "normal", quizás hubiera dedicado sus energías en otra direc ción. Sin embargo, los suyos, no eran tiempos de estudios sociológicos sobre prácticas eróticas. Claro que por ser una práctica privada y ocul tada, tampoco hubiera sido fácil la investigación. Por otro lado, si hu biese experimentado consigo mismo seguramente habría comprobado que cuanto creía era producto de una alucinación colectiva. Pero,
cre yéndolo cierto ¡a ver quién reunía el valor suficiente para exponerse a tales peligros!. Y aquellos peligros sanitarios y morales fueron tomados por tan graves y tan estigmatizadores que se menospreciaron los mu chísimos daños que la cruzada antionanista produjo durante todo el siglo XIX y buena parte del XX. De hecho, la masturbación, por sí misma, nunca produjo tanto daño como las graves consecuencias que produjo la lucha contra ella. Como puede imaginarse, al unirse una práctica muy generalizada (pero secreta) con una prohibición muy consensuada y pública, mez clándose todo ello con la existencia de unas supuestas pruebas científi cas que demostraban que las consecuencias de aquella práctica eran terriblemente nocivas, el resultado fue: "más turbación". Así
que durante todo el s. XIX fue generándose: más turbación científica, más turbación religiosa, más turbación mental, más turbación sexual y otras múltiples turbaciones que han llegado hasta nuestros días. Frente a tanta turbación heredada, pongamos algo de luz con algunos datos y saberes clarifica dores. El primero de ellos: hablamos de una conducta del todo inocua; por cierto, inocua hoy e inocua en el siglo XIX. Lo que no es inocuo (ni entonces ni ahora) es la estigmatización, la culpa y la angustia. Y los que resultan sumamente tóxicos son los constructores de estigma, los agen tes de culpa y los fabricantes de angustia. Conviene alejarse de su nefasto / MENOS TuRBACIÓN marco de influencia. Más datos. Sabemos que
en torno al 97 % de los hombres y el 62 % de las mujeres la han practicado –con más o menos frecuencia– en alguna ocasión. La etapa de comienzo en los hombres es, casi invaria blemente, la pubertad y la adolescencia; entre los 11 y los 16 años. Sin embargo, muchas mujeres comienzan su actividad masturbatoria en la juventud o en la época adulta; incluso, después de los 30 años. Desde luego, ellas, casi siempre empiezan a tocarse después de que alguien las haya tocado previamente. Sin embargo, ellos, suelen venir muy tocados por.sí mismos antes de que alguien les toque por vez primera. Los hombres suelen masturbarse estimulando directamente su pene hasta lograr la eyaculación. Apenas usan una
sola mano; la otra, la usan para manipular el artefacto tecnológico del cual estén extra yendo una fantasía enlatada. Las mujeres suelen usar ambas manos (in cluso podrían usar una tercera si la tuviesen) con ello logran estimular su clítoris acompañándose con otras estimulaciones —adicionales o al ternativas— de la vulva, la vagina, los senos, los muslos o el ano. La representación que solemos tener de la masturbación feme nina presume la introducción de objetos o de dedos en el interior de la vagina. Por supuesto que, a veces, es así. Por muchas razones pero una de ellas: porque las representaciones generan realidades. Sin embargo, esta representación se corresponde más con las fantasías masculinas que con las prácticas femeninas. En
la actualidad, sabemos que cualquiera que sea su frecuencia, su técnica o su finalidad, la masturbación no produce absolutamente ningún efecto nocivo; salvo la culpabilidad en aquellas personas que, practicándola, la consideran sucia, mala o pecaminosa. Ahora sí, en estas personas, lo pernicioso no es lo que hacen sino cómo lo llevan. Por lo tanto no les hace daño la masturbación sino: la culpa, la estigmatiza ción y la angustia. Así pues, en lo posible, evítense tales lacras. Sabemos, así mismo, que el autoerotismo es el escenario más ha bitual y más eficaz para el aprendizaje orgásmico. A tener orgasmos, se aprende con la práctica y la experimentación. Y la mayoría de las per sonas lo aprenden mediante autoexploración íntima
y privada, en la re lación de escucha y comunicación que uno establece con su propio cuerpo. Por supuesto, no puede concluirse; más bien, no debe concluirse –a veces se hace–con una fórmula prescriptiva o imperativa: "hay que masturbarse". En el terreno de la sexualidad nada hay más nefasto que las exigencias, las obligaciones, las prescripciones y las normas externas. Si antes inseminamos estigma, culpa y angustia a los muchos que "sí" lo hacían, no hagamos ahora lo mismo con los pocos que "no lo hacen". Así que: ¿quieres masturbarte?, ningún problema; ¿no quieres hacerlo?, ningún problema; ¿te gusta hacerlo?, disfruta; ¿no te gusta?, no es lo tuyo. Lo sexual no se construye con derechos, deberes o normas (mucho menos,
externos y públicos) sino con deseos, curiosidades, atrevimien tos, sensaciones y emociones (internos e íntimos). CORTOS No sólo para darse gusto . T radicionalmente se ha asociado la masturbación con la búsqueda solitaria del placer orgásmico. Sin em bargo, muchas personas recurren a la masturbación para otras finalida des distintas o complementarias a ésta. Entre otras finalidades reseñamos las siguientes: personas que se masturban para conciliar el sueño (esto es bastante frecuente); personas que se masturban antes de realizar una ac tividad que les provoca estados nerviosos, ansiedad, etc. (hablar en pú blico, actuar, hacer un examen, reunirse, estudiar, etc.); personas que se masturban para disminuir o eliminar determinados dolores (reglas do lorosas, tensión ovárica, migrañas, molestias ulcerosas, dolor testicular
por sobreexcitación, etc.); hombres que se masturban antes de tener re 27 / MENOS TuRBACIÓN laciones coitales con el fin de retrasar la eyaculación; personas (sobre todo mujeres) que se masturban tras relaciones sexuales "no eficaces" desde el punto de vista orgásmico; personas que se masturban para va riar sus estados de ánimo (tras un fuerte enfado, un susto, situaciones de agobio, tensión, etc.). Un placer no siempre solitario . La masturbación no siempre es solitaria. Hay muchas parejas que se masturban mutuamente. Otras, se masturban, cada cual a sí mismo, simultáneamente. En otras, se invitan mutuamente a ser testigos "no-actuantes" de la propia masturbación. En otras, los dos lo hacen en privado sin que el otro sepa nada de
ello. En otras, sólo uno de los dos la practica sin que el otro se entere. Hay pa rejas en las que uno se masturba con la colaboración "no exigente" del otro, cuando éste no tiene deseos de tener una relación sexual (con este "truco" resuelven las situaciones en las que uno quiere y el otro no). Hay parejas en las que la masturbación en presencia del otro es un arma da ñina que se enarbola frente a la no menos dañina arma del rechazo con tinuado. Hay parejas que desearían compartir con el otro su íntima masturbación pero no se atreven a proponerlo. Hay muchas personas que entienden que la masturbación es el espacio más íntimo y privado que
alguien pueda tener, por ello estiman que ha de pertenecer a lo es trictamente personal y secreto. En fin, que el asunto tiene su diversidad y sus vericuetos. En todos los lados cuecen habas . Las conductas autoeróticas están presentes en todas las culturas y civilizaciones; sin excepción al guna. Además, tenemos muchas pruebas de que civilizaciones antiguas también las conocían y experimentaban. Los varones griegos, por ejem plo, podían y solían masturbase incluso en lugares públicos. Lo hacían, bajo su túnica, en el propio ágora o en las termas. Las mujeres también debieron de hacerlo porque nos ha llegado un verbo que podría tradu cirse como « clitorizarse ». Y , esto es igual en cualquier idioma y cualquier
tiempo, sólo hay término si hay algo a lo que lo que ese término alude. Los animales también . La mayor parte de los mamíferos –sobre todo los machos– se masturban: o bien frotándose contra algo o al guien, o bien lamiendo sus propios genitales. Los monos, que están do tados de mano prensil, pueden autoestimularse manualmente. Algunos de ellos —los inteligentes chimpancés. por ejemplo—, pueden también realizar la única conducta sexual imposible para un ser humano: la pro pia felación. Gracias a la peculiar estructura de su cadera y de su co lumna vertebral, y a pesar del escaso tamaño de su pene, utilizan su propia boca para lamer y chupar sus genitales.
