2. LA PEQUEÑA MIRMIDONA En la mitología griega, Clítoris es un simpático personaje feme nino. Se trataba de la hija de un noble enano mirmidón (los mirmido nes eran considerados hormigas convertidas en personas). A pesar de su pequeño tamaño, era tan grande la belleza y la gracia de aquella mu chacha que, Zeus, acabo ́ prendado de ella. Y cuenta el mito que, el en amorado y todopoderoso dios, tuvo que transformarse al tamaño de una hormiga para, así, poder cortejarla y amarla En anatomía, el clítoris es un pequeño órgano carnoso y eréctil situado en la parte superior de la vulva femenina. Justo al norte de la entrada vaginal, por encima del meato urinario y en la conjunción
de los labios menores. A decir verdad, esta es su localización en la geogra fía femenina humana. En otras anatomías de otras especies animales esta descripción es del todo incorrecta El clítoris no es un privilegio humano. En el resto de las especies animales en las que los machos tienen pene genital, las hembras tienen asimismo clítoris. Como uno y otro son lo mismo, si en una especie hay barro para lo uno, lo hay para lo otro. Sin embargo, en muchas espe cies (salvo los chimpancés enanos o las hienas manchadas) el clítoris esta ́ situado en el interior del cuerpo y su glande emerge en el interior de la vagina. Luego, lo exclusivamente humano no es el clítoris
mismo, sino su peculiar localización: especialmente externa y extravaginal. Al menos, eso puede decirse del glande clitórico pues el resto de clítoris (en reali dad, la mayor parte de él) está dentro del cuerpo; más o menos: sobre y a los costados de la vagina. Así pues, en nuestra especie, la separación entre el placer y la reproducción no es exactamente un logro cultural , sino más bien un hecho evolutivo . Afirmarlo no es sino conocer y acep tar nuestra anatomía. Por lo tanto, el resultante de los cambios que se han ido produciendo a lo largo de nuestra larguísima historia evolutiva. 18 La particularidad más llamativa del clítoris mamífero es la de ser el único órgano cuya única
función es el placer. Por mejor decir, ha blando de humanos: placer erótico; o, si se prefiere, erotismo hedónico. Aunque también el dolor, que es su otra cara. El resto de las es tructuras y órganos pueden o no proporcionarnos placer pero sirven, además, para alguna función. El clítoris femenino, sin embargo, no en tiende de funciones, se dedica sólo y exclusivamente a las sensaciones. Es un órgano para sensar . Probablemente por ello, aunque también por su tamaño y por su localización ha pasado casi inadvertido, olvidado o incluso descalificado. Ahora sí, conviene desvelar un asunto que es cen tral: el clítoris es un cuerpecillo exclusivamente femenino que transgrede la noción antigua de mujer: un recipiente (vaina). T radicionalmente
la mujer ha sido vagina receptiva. Así pues, no encaja que sea también ór gano eréctil y sensitivo. Seguramente por esta razón, donde otras cul turas han recurrido a la mutilación real, nuestra cultura ha practicado una ablación simbólica hecha de silencios, inexperiencias e ignorancias. Desde luego, somos hijos de una tradición que ha subrayado la asocia ción mujer/vagina y ha callado la asociación mujer/clítoris. A menudo aprendemos más de nosotros mismos analizando nuestros errores que verificando nuestros aciertos. Analizar y compren der las derivas de nuestros errores nos da buena cuenta de prejuicios muy arraigados de los cuales la sexualidad humana esta ́ muy llena. Por ejemplo, solemos identificar el pene con la vagina. Esta idea es inco rrecta.
Si se piensa detenidamente, es manifiestamente estúpida. Puestos a hacer comparaciones (que siempre son malas) el pene es al hombre lo que el clítoris es a la mujer. Y si la puerta –no exclusiva, pero sí privile giada– para acceder al orgasmo masculino es el pene, la puerta –no ex clusiva, pero sí privilegiada– para acceder al orgasmo femenino es el clítoris. Y esto es así porque embriológicamente uno y otro (clítoris y pene) son órganos que se construyen con el mismo barro, son irrigados del mismo modo y tienen similares terminaciones nerviosas. / LA PEquEñA MIRMIdONA Así y todo, no es exacto pensar en el clítoris como un micropene femenino. Sospechosamente, el error contrario, pensar el pene como un
macroclítoris masculino es un error que nunca suele cometerse. En cualquier caso, uno y otro, pene y clítoris, son órganos eréctiles que res ponden al estímulo táctil, que se llenan de sangre con la excitación y que resultan sumamente sensibles. Antes de nacer, cuando nos estábamos "construyendo" en el in terior del útero materno, hubo un momento en que nuestros genitales no estaban todavía diferenciados en sentido masculino o femenino. En ese momento, teníamos unas estructuras genitales comunes que servían igualmente para producir los unos o los otros. Contenían, pues, los ele mentos necesarios para construir un pene con escroto o una vulva con clítoris. Conocemos a estos embriológicos anteproyectos genitales como: tubérculo genital, pliegues uretrales, eminencias labioescrotales y surco
urogenital. El primero de ellos, el tubérculo genital, dará lugar a los cuerpos cavernosos y al glande (tanto del pene como del clítoris). Los cuerpos cavernosos, tanto en el clítoris como en el pene, serán los encargados de aumentar el tamaño y la turgencia de uno y otro frente a la estimu lación externa. Son quienes hacen de ambos, órganos eréctiles. T anto en el glande del pene, como en el glande del clítoris exis ten unos receptores sensitivos muy especializados conocidos como Cor púsculos de Krausse-Finger que transmiten al cerebro un impulso nervioso capaz de desencadenar el orgasmo. Sin embargo –conviene no olvidarlo–, el orgasmo es una sensación que se produce en el cerebro y no en los genitales.
Para tener orgasmos el único órgano estrictamente necesario es el cerebro. De hecho hay personas que por accidente o por mutilación no tienen –o no es funcional– su clítoris o su pene, lo cual no quiere decir que no puedan disfrutar de orgasmos. Aunque ciertamente lo tendrán dificultado. Habrán de enseñar a su cerebro para que desen cadene esa peculiar, placentera, intensa y efímera sensación que cono cemos como orgasmo (o clímax) sin la ayuda de este privilegiado camino. Muchas mujeres –sin mutilación clitórica alguna– pretenden esto mismo: lograr orgasmo sin que su clítoris sea estimulado. No es del todo imposible, pero si lo que se pretende es la experiencia orgásmica, es complicarse la existencia. CORTOS Solemos creer, pero no.
Solemos creer que la reproducción hu mana y el placer sexual estaban inexorablemente unidos hasta la inven ción y la comercialización de los medios anticonceptivos. No es correcto. Lo que han conseguido los métodos anticonceptivos –que no es poco– es que la cópula no sea reproductiva. La naturaleza, muchí simo antes, ya había hecho un gran esfuerzo evolutivo para separar el placer femenino de su capacidad reproductiva. Por eso una cosa es la va gina y otra cosa es el clítoris. Por cierto, evolutivamente hablando, el clí toris es un invento anterior a la vagina. Solemos creer que el coito, la introducción del pene en la vagina, es la práctica que con mayor probabilidad garantiza el orgasmo (tanto masculino como
femenino). No es correcto. La mayoría de las mujeres no alcanzan el orgasmo sólo mediante esta conducta (lo cual no quiere decir que no puedan experimentar sensaciones muy placenteras con ella). Por el contrario, el coito, sí garantiza el orgasmo a la gran mayo ría de los hombres (hay una minoría de ellos que tampoco lo consigue de este modo). Así pues, podría decirse que la penetración es una prác tica que corresponde fundamentalmente a la sexualidad de logro or gásmico masculina. / LA PEquEñA MIRMIdONA Solemos creer –sobre todo los hombres lo creen– que las muje res se masturban introduciéndose dedos u objetos en su vagina. No es correcto. La masturbación femenina suele producirse por estimulación directa o indirecta
del clítoris, acompañada de otras estimulaciones menos "especializadas" (pechos, muslos, vientre, nalgas, vulva, ano, etc.). No obstante, cada cual usa las técnicas, estrategias o trucos que más le agraden. Se trata precisamente de eso: de explorar, de conocer y de dis frutar. Serán hienas, pero parecen "hienos" (sic) . Las hembras de hiena manchada tienen un clítoris tan grande y faliforme que parece un pene. Además –al igual que cualquier otro macho de cualquier otra es pecie mamífera– esta ́ horadado por la uretra, luego orinan a través de él. Por si esto fuera poco, tampoco tienen vagina; y, además, su aspecto y su comportamiento es decididamente "macho". Con tanto ladrillo azul los zoólogos tuvieron durante mucho tiempo grandes dificultades
para reconocerlas como hembras. Pero se preñan, paren y dan de mamar como cualquier otra hembra. Ahora bien, el canal del parto es uretral; por ello, sus partos son sumamente mortales (para ellas mismas y para sus crías). Este capítulo, "La Pequeña Mirmidona", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como clítoris, pene, vagina, orgasmo, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada.
