1. ¿ES NORMAL LO MÍO? ¿Es normal tener relaciones todos los días? ¿Es normal mastur barse cuando se tiene pareja? ¿Es normal no alcanzar el clímax al uní sono? ¿Es normal que ella no tenga orgasmos mediante penetración y tengamos que ayudarnos con la mano? ¿Es normal que él eyacule siem pre el primero? ¿Es normal...?. Los profesionales de la Sexología escu chamos a diario preguntas de este tipo. De hecho, podría decirse que la demanda sexológica más frecuente es saber si esto o aquello es normal. A menudo, detrás de ésta pregunta aparece nuestra necesidad de "obtener permiso". Que sea otro quien me autorice mi propia vivencia erótica. Que, desde fuera, regulen nuestro encuentro amatorio. Que nos aclaren si
estamos dentro o fuera de los estándares. En sentido contra rio, a veces decimos "esto es anormal" para descalificar aquello que no nos permitimos, que desconocemos, que no hemos experimentado o que simplemente no nos gusta. En ocasiones, la pregunta revela la necesidad de conocer unas normas que suponemos que existen. En el fondo, tratamos de resolver nuestros propios miedos e inseguridades personales a base de conocer para luego cumplir o transgredirsupuestas normas que supuestamente pululan por ahí. Sean éstas cualesquiera que éstas sean. T ras la pregunta ¿que ́ es lo normal? suele esconderse la pregunta ¿cuáles son las normas?, ¿que ́ es lo que se supone que debo de hacer?. De ese modo, sin saberlo, recorremos el escaso
trecho que hay desde la normalidad hasta la normatividad. Si la normatividad pertenece al terreno del "Deber Ser", la Inti midad pertenece al terreno del "Ser", del "poder Ser" y del "desear Ser". 14 Si aquélla está hecha de normas y prescripciones, derechos y deberes, ésta se hace de encuentros y desencuentros, colaboraciones y luchas, ter nura y agresividad, placeres y sinsabores, gratificaciones y sufrimientos, amores y desamores, comunicaciones y silencios, deseos y frustraciones, vivencias y sentimientos. Y , puesto que pertenece al territorio de lo privado –mejor dicho, de lo íntimo-, la construimos desde nosotros mismos, codo con codo con nuestros amantes. La vamos descubriendo a consta de inseguridades y de complicidades con el otro: ese objeto amado, ese
sujeto amante. Y para recorrer este territorio, he ahí lo maravilloso, ¡no hay mapas! Para los amantes no hay caminos. Se hacen... verso a verso, golpe a golpe, paso a paso, roce a roce,... al andar. O sea, al amar(se). Y al gozar(se). Ahora bien, existe una demanda social de mapas (de normas, de criterios, de regulaciones) que ha generado su correspondiente oferta de etiquetas, de decálogos, de códigos, de fórmulas. Así que, unos com pran y otros venden; o, al revés, unos venden y otros compran. Unos preguntan que ́ es lo normal y otros contestan desde su propia normali dad. Poniendo, proponiendo, exponiendo, imponiendo,..., muchas veces, anormales normas normativas y normalizadoras. Desearía no par ticipar en este mercadeo
de "recetas" sobre todo para no colaborar en el asentamiento de ideas estereotipadas de la sexualidad que no se co rresponden con la riqueza, la diversidad y la complejidad de la realidad sexual misma. No vaya a ser que acabemos, cada uno con su cabeza, dudando de nuestro propio territorio sólo porque no se corresponde con el mapa que nos habían creado y que nos habíamos creído. No vaya a ser que nos descubramos a nosotros mismos diciendo: "Esto no es como lo ima gine ́; luego, no es", "esto no es como tenía que ser; luego, no merece la pena". No vaya a ser que el mapa, no sólo no nos sirva para guiarnos / ¿ES NORMAL LO MIO?
sino que, encima, nos impida caminar (o nos lleve directamente al ex travío). Cuando se descubra preguntándose si es normal, contéstese con sinceridad. Seguro que hallara ́ su propia respuesta. Pero no trate de exportarla: probablemente su normalidad es tan singular y subjetiva que sólo le sirva a usted. Ni siquiera para siempre, sólo en este momento, en estas circunstancias, con esta compañía. O dicho de otro modo, si su normalidad no contempla el momento, la circunstancia y la compañía deséchela: sólo le causará daños. CORTOS En cuestión de gustos no hay nada escrito . A los Masai les gusta que las encías y la lengua sean oscuras. A los sirios les encantan los entrecejos poblados. A los Mongo ,
que falten las cejas y las pestañas. A los Ila , los ombligos protuberantes. A los Tiv , las pantorrillas gruesas. A los Zande y los Ganda los pechos caídos. A los Hotentote , las nalgas gi gantes. A los chinos, los pies pequeños. A los habitantes de Isla de Pas cua, el clítoris grande. A los nativos de las Marquesas, el pubis liso. A los Venda , los isleños de Truk , los Ponape , los Tonga y los Dahomey , los la bios menores grandes. En cada una de estas culturas hacen lo que pueden para gustar; y cada una de ellas ha desarrollado trucos y tretas para ello. Son cultu ras lejanas que a veces miramos con
una mezcla de compasión, distan cia y sorpresa. Por cierto: todos ellos se ríen de nosotros cuando saben que por aquí nos depilamos, nos tostamos al sol o nos operamos la cara o los pechos para resultar más atractivos. Qué cosas. Para los Tonga sudafricanos el beso es un acto abso lutamente repulsivo. Unos respetables padres Tonga jamás permitirían que sus hijos pequeños viesen películas de besos. Mucho peor si son lar gos y apasionados besos con intercambio lingual. Esos mismos padres no se sentirían tan preocupados si en la película apareciesen sólamente des nudos y penetraciones. Así mismo, en la cultura Tonga las experiencias bucogenitales tampoco son muy prestigiadas. La boca les parece dema siado sucia para usarla con
los genitales. En otro orden de cosas, los indios colombianos Kágaba expían sus culpas sexuales repitiéndolas ante su dios de la sexualidad (Heisei). Y entre los Vakinankaratra de Madagascar, son las mujeres las que adop tan el papel social agresivo (confrontaciones, reproches, etc.), mientras que los hombres adoptan un rol apaciguador. Aunque conviene no caer en un relativismo extremo, en materia sexual muchas cosas son: relati vas, matizables y discutibles. Y casi todas ellas son: subjetivas, diversas, particulares, singulares,... De todo esto está hecho la res sexualis . Este capítulo, "¿Es Normal Lo Mío?", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como normal, normas, esto, sólo, no como etiquetas cerradas, sino
como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de normal y normas, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a
guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "¿Es Normal Lo Mío?", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como normal, normas, esto, sólo, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada. Desde una clave divulgativa, el texto desplaza la pregunta por lo "normal" hacia la
pregunta por lo "vivible" y lo "digno". Por eso, al hablar de normal y normas, no se limita a describir conductas: propone un modo de leer la convivencia entre deseos, límites y pactos. En términos profesionales, la utilidad del capítulo está en su capacidad para traducir conceptos complejos a lenguaje operativo. Quien acompaña procesos clínicos, educativos o comunitarios encontrará aquí un vocabulario preciso para intervenir sin moralizar. El eje de fondo es consistente: la sexualidad no se reduce a rendimiento, ni a técnica, ni a guion único. Se articula en tramas de sentido donde cuerpo, palabra y vínculo se transforman con el tiempo, con la historia personal y con las condiciones sociales. Leído hoy, el capítulo conserva vigencia porque evita
simplificaciones. No promete soluciones mágicas: ofrece criterios. Y esos criterios permiten pensar mejor, conversar mejor y acompañar mejor. Este capítulo, "¿Es Normal Lo Mío?", puede leerse como una invitación a pensar los sexos sin recetas rápidas. Aparecen con fuerza términos como normal, normas, esto, sólo, no como etiquetas cerradas, sino como herramientas de comprensión. La escritura insiste en mirar la experiencia concreta, el contexto y la singularidad de cada biografía sexuada.
